El imperialismo futbolístico de EEUU

USA v Korea DPR: Group C - FIFA Women's World Cup 2011ÁLVARO MÉNDEZ | Han pasado 190 años desde que el Presidente de los Estados Unidos James Monroe enunciara la doctrina que pasó a la historia como la máxima diplomática determinante de la política exterior norteamericana durante décadas: “En las guerras entre europeos, en asuntos que sólo les conciernen a ellos, nunca hemos participado, porque no corresponde a nuestra política. Sólo cuando nuestros derechos se vean dañados, o seriamente amenazados, será cuando nos resentiremos de nuestras heridas y haremos los preparativos para nuestra defensa”. En resumidas cuentas, “América para los americanos”.

Este aislacionismo idiosincrásico hizo que EEUU no interviniese en el Viejo Continente durante los siglos XIX y parte del XX hasta que, como reza el dicho popular, la sangre no llegara al río. Sin embargo, la sádica deriva de la Primera Guerra Mundial y el ataque a Pearl Harbour en la Segunda obligaron a Washington a replantearse una doctrina que demostró haberse quedado caduca. Su papel decisivo en ambas contiendas convirtió a EEUU en regidor de la vida internacional.

Al quedar relegada a un segundo plano en la política, la anacrónica ‘doctrina Monroe’ encontró su refugio en el mundo del ocio. Mientras el fútbol se erigía en deporte rey en Europa durante la segunda mitad del siglo XX, EEUU se mantenía impermeable a las costumbres europeas y permanecía fiel a sus disciplinas tradicionales: fútbol americano, baloncesto y baseball.

Sin embargo, todo cambió en la década de los 90. A pesar del escaso protagonismo del que gozaba el llamado soccer (todavía, por ejemplo, no existía ningún campeonato profesional entre clubes), Estados Unidos se encargó de organizar el Mundial de 1994. Fue entonces cuando el fútbol comenzó a saltarse las fronteras de la marginación a las que había estado sometido. Más aún cuando el Team USA logró superar la fase de grupos y clasificarse para octavos de final, donde esperaba la temible Brasil de Dunga, Romario y Cafú. Los locales fueron capaces de plantar cara a la canarinha hasta el fatídico minuto 72 en el que Bebeto puso el 0-1 en el marcador. El sueño americano se esfumó, pero la semilla del fútbol había sido plantada.

Y no tardó en dar sus frutos. El periodista Simon Kuper cuenta en Fútbol contra el enemigo cómo, durante el Mundial, un compañero de profesión mejicano le advirtió: “Siempre que a los americanos les gusta algo, se lo acaban apropiando”. Como si se tratara de una premonición, desde ese mismo año el fútbol estadounidense no hizo más que expandir sus horizontes. Al abrigo de la cita mundialista se creó la Major League Soccer (MLS), donde no tardaron en surgir nombres como Landon Donovan —que ya contaba con experiencia en Europa—, Carlos Bocanegra o Tim Howard.

Hoy en día, el soccer ha logrado hacerse un hueco en las sobresaturadas parrillas informativas de los medios norteamericanos. Gran parte de culpa tiene en ello la exitosa trayectoria de la Selección, que, en los últimos años, ha logrado un protagonismo sin precedentes. No en vano, dio la campanada en la Copa Confederaciones 2009 eliminando a España en semifinales y obligando a Brasil a remontar un 2-0 adverso en la gran final. No obstante, ha sido la sección femenina la responsable de las mayores alegrías. Las mediáticas yanks se han convertido en la fuerza hegemónica que gobierna con mano de hierro los terrenos de juego de todo el planeta. Buena prueba de ello es el lujoso palmarés que han confeccionado en el último par de décadas: dos Mundiales y cuatro oros Olímpicos.

Tampoco sería posible entender el auge del fútbol en EEUU sin el éxodo protagonizado por las viejas glorias que han encontrado en la Major League Soccer el lugar idóneo para dar rienda suelta a sus últimos años de magia. Henry, Juninho Pernambucano, Robbie Keane o el mismísimo Beckham no dudaron en hacer las Américas en búsqueda de su glorioso pasado.

Y no serán los últimos. El aperturismo experimentado por el soccer pone de relieve la dimensión global del fútbol. Cierto es que la MSL no puede competir aún con las Ligas europeas, pero su creciente importancia demuestra que el Viejo Continente todavía está en condiciones de exportar su cultura balompédica al otro lado del charco. Disfrutemos, pues, de esta especie de “Bienvenido Mr. Marshall” a la inversa al que estamos teniendo el placer de asistir. Que el balón siga rodando.

21/02/2013

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5 thoughts on “El imperialismo futbolístico de EEUU

  1. Generalmente el americano gusta de baseball, football and basketball. Solamente gusta un poquito de soccer especialmente Copa de Mundo.

  2. La asignatura pendiente del “soccer” en los EE.UU. es que las glorias europeas dejen de usarlo como un retiro dorado, y comiencen a irse allí a desarrollar sus carreras. El día que haya una rivalidad semejante a la de Messi-Ronaldo, marcará un despegue real. Ánimo con el buen trabajo que hacéis!

  3. En casa de mi tía pude ver como gozaba mi abuelo de EEUU un Madrid-Barça, desde entonces solo pide ‘soccer please’

  4. ¿No será que tantos mejicanos han influido decisivamente en la incorporación del fútbol en Estados Unidos?

  5. Por fin un artículo en ese periódico digital futbolero donde las protagonistas somos las mujeres. ¡Bienvenido sea! También nosotras hacemos deporte.

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