La peineta de Luis

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SERGIO MENÉNDEZ | Aeropuerto de Madrid-Barajas. Terminal 4. Alcachofa en mano y cámara a cuestas, un corrillo de prensa empieza a levantar suspicacias entre los familiares, amigos, chóferes y agentes de viaje agolpados frente a las puertas por las que ya debería estar desfilando el pasaje procedente de Canadá. Sabedores de la ristra de conjeturas que su venida acaba de generar y, visiblemente incómodos ante las miradas de los curiosos, nuestros protagonistas alzan la barbilla y despegan los talones del suelo apresurándose por otear el horizonte de cristales translúcidos que, en cuestión de breves instantes, despejaría inmediata y automáticamente las dudas de propios y extraños. Por lo menos, así lo presagiaban las informaciones que esa tarde de domingo habían llegado a la redacción.

De no ser porque el mercado invernal se cerró hace unos cuantos días en nuestro país, cualquiera podría llegar a pensar que un nuevo y flamante fichaje estaba a punto de desembarcar en nuestra Liga. Sin embargo, y aunque el plazo de contratación siguiera entonces abierto, sabemos que Canadá, al contrario de lo que ocurre con el hockey y los niños “prodigio” del pop, no es precisamente conocido en la esfera internacional por su capacidad para exportar buenos futbolistas. De ahí que la posibilidad de que todo ese revuelo pudiera deberse a la irrupción de un sucesor para Owen Hargreaves quedase totalmente descartada.

En medio de la confusión propia de los primeros besos y abrazos entre seres queridos, un jersey color lavanda  llama la atención de periodistas y compañeros gráficos, que respiran, por fin, aliviados. El viaje no iba a ser en vano. Se trata de Luis Bárcenas, ex-tesorero del PP y uno de los personajes menos populares del momento (valga la ironía), que sin apenas sitio para esconderse tras sus frondosas y blancuzcas patillas, se vuelve presa de los flashes y las reprimendas de varios presentes. Y cuando ya creíamos que nadie en Génova podía lucir mejor la peineta que María Dolores de Cospedal el día del Corpus Christi, va El Cabrón y con un gesto al más puro estilo Federico Trillo, en un ademán que José María Aznar hubiese reproducido con tamaño donaire, lanza su dedo corazón al viento con la mirada al tendido para mandarnos a paseo.

Pese al impacto mediático suscitado por la salida de tono que toda peineta implica, la de Bárcenas no es la primera ni será tampoco la última vez que una falange rebelde se ponga de actualidad al hilo de la política, y todavía menos del fútbol. Dentro y fuera del campo, a uno u otro lado del área técnica, no son pocos quienes sucumbieron a la irrefrenable necesidad de mostrar su desacuerdo a través de la comunicación no verbal. Ottmar Hitzfield, Cristiano Ronaldo, Fabio Capello, Nacho Novo, el mismísimo Diego Armando Maradona o incluso colegiados como el suizo Massimo Busacca, por ejemplo, ya cayeron en la tentación. El último episodio de esta serie de lindezas lo presenciamos el pasado mes de diciembre en Craven Cottage con Luis Suárez retirándose a los vestuarios tras la derrota sufrida por el Liverpool frente al Fulham mientras sugería a los aficionados locales la opción de volver a casa  dando pedales usando la uña central de su mano izquierda a modo de sillín.

Como si de una cuestión nominal se tratase, aprovechando que entre “Luises anda el juego, basta un pequeño repaso a la trayectoria que esta suerte ha descrito en los anales balompédicos españoles para vislumbrar el principal motivo de su intachable ejecución por parte del señor Bárcenas. No tardaremos en encontrarnos a su tocayo Luis Aragonés en el papel de Coco explicándonos la diferencia entre un ofensivo corte de manga y ese gesto tan típicamente nuestro que es la peineta. De los conocimientos adquiridos durante toda una vida en el distrito de Hortaleza nació esta versión un tanto cañí de Barrio Sésamo con la que El Sabio sentó definitivamente las bases del actual fuck you! Una anécdota sin aparente importancia que trasladada al terreno de lo estrictamente deportivo constituye un primer indicio de lo que años después se haría evidente sobre el césped del estadio Ernst Happel de Viena. La prueba fehaciente de que en el fútbol, como en la vida, siempre se le dio bien crear estilo, que la medida de su talento reside únicamente en la horma de sus zapatos. El juego que puede llegar a dar un dedo…

20/02/2013

One thought on “La peineta de Luis

  1. ¿Quiza la solución sea poner a Bárcenas como árbitro en los campos de regional para que pene por sus pecados y sus chulescas peinetas?

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