Alexis en el País de las Maravillas

alexisMARIO BECEDAS | Aun a riesgo de que la mirada de los pocos inquietos que accedan a este artículo se pierda entre letras y divagaciones, no es menester que el autor aquí presente esconda sus propósitos desde el comienzo. Y es que el fin de este humilde trazo de escritura es, más que contar un cuento, aprovechar otro existente o, si se prefiere, adaptarlo. Asumiendo que se ha perdido la tradición de transmitir estos entrañables relatos de generación en generación, habiendo sido sustituidos por Pocoyó, un servidor asume el riesgo de que le lluevan las piedras al recoger una honrosa tarea como la de cuentacuentos que hoy ya sólo ejercen la mayoría de los trajeados palitroques de la política nacional.

Con el permiso de Lewis Carroll, mejor cuentista que matemático, no ha mucho que un robusto muchachote hizo un fugaz viaje de Chile a Argentina. Nacido en Tocopilla, en la región de Antofagasta, un pequeño portento del balón que destacó desde niño se fue a llenar el Monumental de River. Pero aún no se había terminado de meter la remera con la diagonal roja dentro del calzón cuando la vieja Italia le reclamó. Atónitos por la velocidad y la fuerza del chico, los parientes lejanos del Udinese quisieron llevarse al artista en ciernes a la bota mediterránea para competir en bianconero ajedrez con una renacida del infierno Juventus. Los parabienes y albricias no tardaron en llegar y la Serie A se rindió ante las carreras por la banda de Alexis.

Todo iba de fábula hasta que regateando a los abigarrados troncos que pueblan las defensas del fútbol itálico, nuestro  protagonista se topó con el conejo blanco, que en este cuento también llevaba americana, sólo que con jersey púrpura y corbata fina de conductor de autobús debajo. El irresistible deseo de seguir a la fuerte personalidad que marcaba Guardiola en el Barça hizo al ya más que consolidado ‘Niño Maravilla’ dejarse caer por el agujero del árbol hasta desembocar en el país de las mismas. En este poco asombroso viaje, al contrario que en el de Alicia, no hubo cartas de póker, pero sí una buena suma encima de la mesa. Más de una cuarentena de kilos le costó a Sandro Rosell, en esta obra en el papel de Gato de Cheshire por su innata capacidad para aparecer y desaparecer, el paradójico descenso del chileno a lo más alto.

Arribado a la ciudad condal, el cuento de Alexis pasó a capítulo de ‘Hospital Central’. Las piernas de cristal no le respetaron lo más mínimo en contraposición a sus gigantescos hombros que ocupaban ambos lados de la Rambla. Su cara de buena persona, de niño travieso que no ha dejado de tener un diáfano corazón, quizá le hizo ganarse el favor de la divina providencia para asestar un golpe mortal a la maléfica Reina de Corazones que se las prometía muy felices en su banquillo del Bernabéu. El chico maravilla puso patas arriba un partido que Mourinho tenía por controlado después del falso despeje de Valdés. Su velocidad partió por la mitad a un Madrid patidifuso que acabó con tres picas clavadas en su templo. De poco valió. La Liga se perdió y el conejo blanco de Santpedor se marchó corriendo.

Tras el período estival, se produjo el regreso del tocopillano al País en el que Messi o Iniesta seguían manufacturando maravillas a cada partido como si fabricaran magdalenas caseras. Elaboradas desde el principio. Cuando se alcanzaba un buen nivel, los vítreos huesos volvieron a fallar a Alexis. Esto le dejó sumido en otra lucha particular con Villa, el eterno mártir blaugrana desde que llegó con su estrellita cosida al corazón. Ambos se convirtieron en secundarios de lujo pugnando por ganarse el afecto de otro personaje clave del cuento, la oruga azul, Vilanova, de diminuto tamaño pero de capital importancia en el relato. Mientras el asturiano marcaba gol en el último segundo, a lo Remedios Cervantes, cuando salía; el hijo de Chile ha jugado todo lo jugable demostrando más ansiedad y corazón que puntería.

Por supuesto, en esta amplia geografía de la sátira en la que desempeñamos nuestros pasos, no tardaron en aparecer las chanzas. Al igual que con Mascherano, un profesional impecable y voluntarioso, el chileno se veía dibujado como un muñeco que tiraba papeles a una papelera cercana y los mandaba todos fuera. Alexis no iba a meter ni un gol al arco iris. Hasta que el otro día, en el festival gastronómico del Barça contra el Getafe, disputado a mediodía y todo, el émulo de Alicia se enfrentó a su destino y volvió a conseguir que el esférico besase la red. En los importantes encuentros que llegan ahora se le juzgará con rotundidad.

Al igual que la principal del cuento que aquí se adapta, el chileno se ve inmerso en un apabullante juicio en el que todos los naipes están en su contra. Difícil que recupere la confianza cuando sabe que de un momento a otro las cartas se abalanzarán sobre su cuello para decapitarle sin compasión. Pero quién sabe, a lo mejor se despierta y resulta que todo ha sido un sueño, como le pasó a Alicia. Que lo que le caía en la cara era el confeti del próximo título, no del que sale en la prensa. En cualquier caso, su juventud le permite saber que siempre puede volver a despertar. De momento, que no baje la guardia, porque en el extraordinario País de las Maravillas… todo es posible.

15/02/2013

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s