Nigeria, la gloria para un país desgarrado

Nigeria CAFÁLVARO MÉNDEZ | Han tardado 19 años en sanar las heridas de sus alas y en volar lejos del glorioso nido construido por la mítica generación de Finidi, Kanu y Okocha. Casi dos décadas de ostracismo encaramados a una rama de baobab que antaño fue prolífica pero que se ha ido secando con el paso del tiempo por culpa de la indiferencia futbolística. Pero, finalmente, las Águilas Verdes han logrado devolver el honor a su nombre y surcar de nuevo los cielos del éxito.

El pasado domingo, el Soccer City de Johannesburgo volvió a ser testigo de una cita histórica, de un gol solitario, de un ritual de triunfo bajo la ceremonial melodía de las vuvuzelas. Victor Moses, Obi Mikel y Emmanuel Emenike lideraron a una implacable Nigeria que, emulando a aquella magnífica generación de los 90, se impuso en la final de la Copa de África a Burkina Faso en una nueva demostración de fuerza, velocidad y contundencia. El triunfo ante la revelación del torneo condujo al éxtasis a una afición demasiado acostumbrada a sufrir. Y no precisamente por la deriva balompédica que ha protagonizado su selección en los últimos lustros.

Desde comienzos de siglo, Nigeria vive en una crisis permanente. A pesar de los enormes recursos naturales y de su enorme potencial demográfico, el país se encuentra entre los más desiguales del mundo. Las bolsas de pobreza repartidas por todo el territorio y el desempleo fomentan que el fútbol sea la única vía de escape para quienes no tienen otro pasatiempo que patear balones en las afueras de las superpobladas ciudades nigerianas. Por si fuera poco, las constantes subidas en el precio del petróleo han asolado la economía de un importante sector de la población metropolitana que vive del consumo del crudo. Mientras, las tensiones aumentan a causa de las diferencias sin que el Gobierno, más preocupado por tapar innumerables casos de corrupción, haga algo por impedirlo.

No obstante, la mayor fuente de inestabilidad en el país está alimentada por la violencia religiosa. El año pasado, la organización islamista Boko Haram (“la educación occidental está prohibida“, traducido al castellano) asesinó a casi 800 personas en distintos atentados terroristas. Uno de los más sangrientos tuvo lugar en una iglesia en Kaduna, lugar de nacimiento del seguro de las Águilas Verdes bajo palos, el meta Enyeama. Conciudadanos de Obi Mikel y Ahmed Musa también perecieron por culpa de la sinrazón de la violencia sectaria. Y es que el norte de Nigeria ha asistido trágicamente a una peligrosa expansión del integrismo y a la génesis de un vasto imperio de la sharia (la ley islámica), con la cual se rigen los doce Estados norteños del país.

A pesar de las constantes violaciones de los derechos humanos que se cometen diariamente en Nigeria, el fútbol patrio parece haber vuelto a encontrar el rumbo perdido tras un pasado de esplendor. Las Águilas Verdes se han transformado en un ave fénix que ha renacido de sus cenizas y que, con su ejemplo de trabajo y superación, puede dar motivos para la alegría a unos feligreses golpeados diariamente por el odio y la desolación. Sólo cabe desear que las llamas de sus alas no se apaguen y que sí lo haga el fuego cruzado que asola el país.

14/2/2013

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5 thoughts on “Nigeria, la gloria para un país desgarrado

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