El Madrid no consuma su romance con Händel

Ronaldo Manchester Real Madrid

DAVID LÓPEZ PALOMO | Es difícil que el Madrid pierda el alma cuando suena Händel (autor del himno de la Champions). Cuando las estrellas lucen en el césped y las que viven en el cielo miran al Bernabéu. Con 12 Copas de Europa sobre el tapete y 85.000 personas en las gradas, lo que antecede al partido es un simposio exagerado de lo que está por venir. Un ritual que en Chamartín se viste de historia y se disfraza de recuerdos que proceden de nueve orejonas ya prescritas por el tiempo. No es casual, por tanto, que los de blanco sepan de estas noches y actúen en consecuencia. Olviden las penurias de la Liga y recuperen lo que la camiseta exige a sus portadores. Salgan vencidos al ataque. Sin mirar atrás. Y a punto estén de condenar a su rival desde los primeros minutos. Allá cuando la puerta todavía está entreabierta y los tornos siguen dando vueltas en busca del lleno. Suena el primer ruido de la noche. La primera nota de una sintonía llamada fútbol. El  palo de Coentrão. El primer susto. El primer aviso. Lo que podía haber cambiado el resto del partido.

No fue así. Qué se le va a hacer. Y pocos minutos después vino lo que nadie esperaba. Lo que nadie quería. Lo que sucede cuando el deporte es injusto. Córner que no debía ser pitado y gol de Welbeck para el Manchester United. Una vez más, toca remontar. Como aquellas noches, en aquellos días / con aquellas luces y el mismo sonido. Música de valientes enfatizada con buen juego por parte de los de Mourinho, que, de nuevo, tiraron de Ronaldo para poner el empate en el marcador. Sin perder de vista la portería contraria. Sin quitarle el ojo a De Gea. Pero también con un Varane hecho un hombre en la retaguardia. Ayer nadie se acordó de Pepe. El francés se entiende a la perfección con Ramos, no hace faltas, sale al corte y va bien de cabeza. Su más de metro noventa, su zancada y sus condiciones nos dicen que estamos ante un gran central. Quizá uno de los mejores de Europa de aquí a unos años si las lesiones y el tiempo no le quitan la gloria.

Mención aparte merece Diego López. Sepultado en el banquillo del Sevilla, ha vuelto al club del que no debió salir reclamando para sí una parte del santoral. Hasta en dos ocasiones salvó ayer al Real Madrid con Van Persie de por medio, el mejor de los red devils junto a Welbeck. El holandés es uno de esos jugadores que no necesita mucho para liarla. Unos pocos centímetros, un par de ocasiones y a punto estuvo de llevarse la eliminatoria más encarrilada a la ciudad de los Oasis. No hubo más del Manchester, que conservó los sueños, pero dejó el fútbol en el avión. Encerrado en territorio propio, con Rooney actuando de interior izquierda y un centro del campo inexistente, el conjunto de Ferguson gastó el resto de sus fuerzas en defender.

Aun así, el Madrid sólo pudo conseguir un empate gracias, de nuevo, a Cristiano Ronaldo. Principal y única solución del conjunto blanco, que este año ha dejado de tener gato, perro y tigre. Y en ese aspecto radica la diferencia. Benzema e Higuaín están lejos de su mejor nivel. Uno, el francés, desaparecido; y otro, el argentino, pasado de peso, sin forma y sin olfato. Sin ellos, los vikingos dejan de ser esa trituradora de goles que se exhibió la pasada campaña. A pesar del buen juego, de las buenas intenciones y del aroma con que se impregna el aire de Chamartín cuando suena el himno de la Champions. Sin embargo, no todo florece en esos días en los que se vuelve a oír el susurro de las grandes partidos, de las grandes citas y de las grandes remontadas.

En cualquier caso, el Madrid jugó mejor, pero no acabó con su rival. Le tocará jugársela en Old Trafford, le tocará arrebatarle los sueños al Manchester en su propio teatro. En un ambiente que no le pertenece, pero que ha sabido moldear a su gustó en otras ocasiones. Bien sea con el tacón de Redondo o con la ovación que recibió Ronaldo tras anotar su particular hat-trick. Esta vez, y como tarea básica, tendrá que superar a De Gea, principal responsable del empate en el Bernabéu. Y todo ello en poco más de una  semana, en la que se jugará la temporada fuera de Chamartín con un mismo resultado: 1-1. Primero en el Camp Nou ante el Barcelona y después en Old Trafford. Ocho días para creer en la retórica, pero esta vez, lejos de casa.

14/02/13

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