¿Un Papa negro para 2013?

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SERGIO MENÉNDEZ | Lunes. Cuesta pensar cómo en cuestión de unas horas la realidad consigue reunir las fuerzas necesarias para que su golpe resulte tan crítico. Todavía desde la cama, el edredón como único parapeto frente a un cruel e inminente destino, trazamos sobre el colchón las líneas de una defensa a duermevela. Poco dura la calma. Los ecos del despertador vuelven a colarse entre los pliegues de la ropa. Alta tecnología acústica la de unos proyectiles sensibles al calor, que pasan de largo con el silbido de una bala y rebotan en la pared acertándonos por la retaguardia. Las continuas sacudidas empiezan a mermar nuestra resistencia. Abandonamos la trinchera.

Filosofía, optimismo, humor… Algo habrá de lo que tirar para hacer el momento menos traumático, ¿no? Buscamos alrededor y hallamos la sola cinta de una persiana. Pero al tirar de ella con la ilusión de que la luz invada nuestra rutina, descubrimos a cambio una escena desoladora. Fuera, la cota de nieve se sitúa en su punto más bajo del invierno. La mezcla de asfalto, ladrillo y hormigón que todo solía poblarlo, deja ahora paso a la estepa.

La resignación y unas dosis de ironía son el secreto para afrontar la jornada con cierta entereza. En la compleja búsqueda de alicientes que todo lunes entraña, un temporal deprimente y el sempiterno fútbol se perfilan como la mejor excusa para romper (literalmente) el gélido ambiente que ya de por sí reina en la oficina a principios de semana.

Apenas si habían terminado de formarse los primeros corrillos junto a la máquina de café cuando un rumor hizo que la gente se arremolinara en torno a Peláez y su ordenador. Aún hay quien no da crédito. Un titular a toda página confirmaba los dimes y diretes: “Benedicto XVI renuncia a su cargo”. La nieve, omnipresente hasta entonces, se veía obligada de golpe y porrazo a ceder su estrato de poder entre los denominados trending topics del día en favor de la blanca túnica papal. Y, mientras el reguero mediático surgido más allá de los Alpes aumentaba su cauce, el balón se iba también desinflando en importancia a cada instante. No así una moda que, para desgracia del fútbol, resurge con fuerza en los estadios italianos y nada tiene que ver con los pantalones cortos a la altura del muslo. Ojalá.

Porque si era Dani Alves quien, hace tan sólo unos días, tras el partido de ida de las semifinales de Copa del Rey frente al Real Madrid, denunciaba que los insultos racistas como los que tuvo que oír en el Bernabéu  suponían para nuestro país “una guerra perdida”, en el Calcio están llamados a convertirse en purita tendencia. Precisamente, el ex-futbolista de origen caribeño de Barcelona y Juventus, así como reconocido activista por la lucha contra la discriminación racial en el deporte y la sociedad, Lilian Thuram llegó a comentar durante la presentación de su libro Mes étoiles noires (Mis estrellas negras) que, tras diez años jugando en la Serie A para Parma y Juventus, estaba en condiciones de afirmar que “Italia es racista”. La declaración, dada su rotundidad, podría sonar desproporcionada, pero a juzgar por lo acaecido recientemente en el Calcio, se muestra cargada de razón.  No hace ni un mes que Kevin-Prince Boateng, jugador del Milan e internacional con Ghana, decidió cumplir con la amenaza que allá por 2006 lanzara Eto’o a La Romareda, y abandonó el terreno de juego en mitad del partido amistoso que los enfrentaba al Pro Patria, equipo perteneciente a la cuarta división italiana, después de ser objeto en reiteradas ocasiones de gruñidos emitidos desde la grada imitando el sonido de los monos.

El último capítulo de esta vergüenza pudimos verlo el pasado domingo en el encuentro que enfrentaba a Inter de Milan y Chievo Verona en el Giuseppe Meazza, cuando los aficionados de los locales decidieron celebrar la vuelta a la ciudad del otrora jugador neroazzurro y nuevo integrante de las filas rossoneras, Mario Ballotelli, al grito de “¡No hay italianos negros!”. De ahí que el juez deportivo Gianpaolo Tosel haya obligado ahora al club presidido por Massimo Moratti a pagar una multa de 15.000 euros “por los coros insultantes y las discriminaciones”. La sanción constituye, al menos, la prueba de que algo se empieza a mover definitivamente en La Bota en cuestión racial. ¿Quién sabe? A lo mejor la Capilla Sixtina nos tiene deparada alguna novedad a este respecto para el próximo mes de marzo…

13/02/2013

 

9 thoughts on “¿Un Papa negro para 2013?

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