Erasmus Nacional

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JULIÁN CARPINTERO | Garra. Pasión. Huevos. Los tópicos que alberga, en lo que al fútbol se refiere, el segundo país más pequeño de Sudamérica, siempre se dirigen en la misma dirección. Por suerte, en España estamos teniendo la oportunidad de conocer más a fondo los dogmas del balompié charrúa debido al desembarco en nuestro campeonato de futbolistas de la talla de Diego Lugano y al reciente amistoso que Villar apañó en Qatar contra la Celeste. Sin embargo, ahora también podremos saber la concepción que en los arrabales de Montevideo se tiene sobre los entresijos de nuestro fútbol gracias a la vuelta a casa de mitos uruguayos que hicieron carrera en España promovida por Nacional.

Porque garra, pasión y huevos son tres virtudes —y defectos, al mismo tiempo— que han caracterizado siempre a una institución que nació de la fusión de dos clubes amateurs que quisieron defender la identidad uruguaya frente al colonialismo inglés, a través del cual había llegado el fútbol al Río de la Plata. De ahí su nombre, Nacional, un emblema patrio que, como casi todo en la vida, tuvo que ensamblar los eslabones de sus simpatizantes a base golpes en el punto de flotación. Las muertes de jugadores que fallecieron por una epidemia de viruela y las fracturas entre directivos que se escindieron por no aceptar a futbolistas de clase obrera eclosionaron en la gran generación que hizo doblar la rodilla a Peñarol —su enemigo irreconciliable— y se ganó el derecho a realizar giras por el Viejo Continente.

Y es que esos tres son los adjetivos que mejor encajan en la descripción del primer ídolo que tuvo, y aún hoy conserva, el equipo del departamento de La Unión. Abdón Porte tuvo garra para lucir el brazalete de capitán, pasión para recorrer durante siete años la banda derecha y huevos para, un 5 de marzo de 1918, dispararse en la sien en el círculo central del Gran Parque Central cuando supo que no volvería a enfundarse la camiseta blanca con la raya azul cruzada, una muerte que ya hubiera querido para sí el maestro Mariano José de Larra.

Precisamente la falta de garra, pasión y huevos fue lo que impidió al Ajax de Rinus Michels y Johan Cruyff disputar la Copa Intercontinental de 1971 frente a Nacional. Tal era el temor que infundía la escuadra alba que el germen de la Naranja Mecánica que florecería en el Mundial de 1974, amedrentado por el exceso de testosterona que el Estudiantes que lideraba Bilardo había exhibido un año antes ante sus vecinos del Feyenoord, decidió renunciar a la disputa del cetro mundial ante otra escuadra de La Plata. En su lugar acudió el finalista de la Copa de Europa, el Panathinaikos de Férenc Puskas, que entregó las armas después de empatar en Grecia y caer en Uruguay.

No obstante, su brillante palmarés no consigue saciar la sed de gloria de un equipo cuyos vínculos con España le han llevado a estar dirigido por dos presidentes hispanos. Pero, pese a su centenaria historia, el complejo con Peñarol, que fue nombrado Mejor Club Sudamericano del Siglo XX por la FIFA, sigue representando una mochila de piedras con la que los aficionados del Decano tienen que cargar día a día. Ganar los dos últimos campeonatos nacionales no basta y el míster Gustavo Díaz (que desarrolló parte de su carrera como futbolista en el Valladolid y el Albacete) sabe que está obligado a llevar la bandera de Nacional lo más lejos posible en una Copa Libertadores que está a punto de echar a andar.

Para ello, la directiva le ha dotado de garra, pasión y huevos en forma de fichajes que no son fichajes, sino que la mayoría conocen los detalles más insignificantes del vestuario del Gran Parque Central, pero cruzaron el charco para hacer un Erasmus en la prestigiosa facultad de la Liga BBVA. Entre la vieja guardia figuran nombres como Alejandro Lembo, ganador de la Copa del Rey con el Betis en 2005; Alexander Medina, delantero de Cádiz y Racing de Ferrol durante tres temporadas; el Loco Abreu, que dejó huella en Riazor y Anoeta; Iván Alonso, con casi un centenar de goles entre Alavés, Murcia y Espanyol; Juan Albín, más de un lustro entre azulones y blanquiazules; y Adrián Luna, que no encontró su sitio en el Sabadell. Además, el ex deportivista Taborda abandonó la disciplina del club en el mercado invernal, al mismo tiempo que sondeaban el fichaje de un Munúa que, al final, continuó en el Levante.

Es evidente que ni los más ilusos seguidores de Nacional soñaron con la vuelta de primeras espadas como Luis Suárez, Godín o Muslera, pero ver al Chino Recoba botando los córners con el 20 a la espalda alivia el escozor de la nostalgia. Quizá el hecho de que la selección del profesor Tabarez sea una de las rivales de España en la Copa Confederaciones nos obligue a mirar más detenidamente a un campeonato charrúa marcado por la fuga de sus cerebros emergentes. Aunque, en el caso de Nacional, acaban volviendo después de su particular Erasmus porque siguen siendo fieles. Para disgusto de Sostres.

12/02/2013

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3 thoughts on “Erasmus Nacional

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