Cuando hablamos de fútbol…

Cuando hablamos de fútbol

DAVID LÓPEZ PALOMO | Hay días para honrar al balón, independientemente de quién juegue, quién sea el portero o quién vaya a entrenar al equipo la próxima temporada. Días en que el ruido no procede de los micrófonos, la polémica no mueve la pelota y los ataques no se suscriben con palabras en ningún papel. Días de bar para los que no tienen entrada, de grada para los afortunados, de cerveza en mano para los atrevidos —mañana hay que trabajar, dirán algunos, pero da igual— y de fútbol, mucho fútbol. Son esos días, como el de ayer, en los que el deporte se honra a sí mismo. No importan los colores ni los escudos, importa el espectáculo y lo que se puede ver en la vuelta en el Camp Nou tras el 1-1 en el Bernabéu. Una muestra grandilocuente de lo que pueden ofrecer los dos mejores equipos del mundo, ya sea para comerciar con los chinos a cambio de derechos de televisión o para que Catar invada con fardos de billetes las instancias de la FIFA para ver en vivo y en directo algo parecido. ¿Alguien se acordó ayer de Casillas, de los problemas del vestuario o de la ira de Valdés?

Quizá fue la ciclogénesis explosiva o la falta de clásicos. Quizá sí o quizá no. Quizá simplemente fue el tiempo y el aburrimiento. Sin Pep al otro lado, había que crear polémica. Somos un país donde se invierte más en producir cotilleos que informativos. Un país donde, a veces, nos enrocamos en hablar de horarios y de cosas que poco tienen que ver con el deporte. Y en este caso, nos deberíamos preguntar el porqué y, a cambio, dar las gracias. Gracias por poder presenciar de vez en cuando primeras partes como la de ayer con dos equipos entregados al ataque, con fallos en defensa y un ritmo más propio de la Premier que de la Liga española. Con Ronaldo y Messi apagados durante buena parte del encuentro, pero recuperados en los tramos finales. Con un Iniesta que por momentos parecía ser el fantasma de Zidane arrancando desde la banda izquierda y con un Varane que puede, esta vez sí, ser el nuevo Hierro, después de que muchos aspirantes hayan optado a la reencarnación.

La suerte, además, ha hecho coincidir sobre césped dos disciplinas, dos estilos de juego, dos formas entender el fútbol y dos formas de ir a por la victoria. El Madrid, presionando desde el primer momento, ahogando la salida de balón del Barça y creando ocasiones en combinaciones de dos o tres toques. No importa que Ronaldo no estuviera en su mejor día, Özil hizo del portugués llevando los galones, luchando balones en la punta de ataque y, por ende, asistiendo a Benzema, que pudo adelantar a los suyos en sendas oportunidades en la primera y segunda parte. No fue así y le pasó factura a los blancos, que —errores de Carvalho mediante— concedieron al Barcelona el 1-0 y se dejaron llevar durante algunos instantes del partido. Y la renta pudo crecer en una jugada en la que Pedro falló solo ante Diego López; sin embargo, el destino quiso que Varane justificara su fichaje con un tanto de cabeza que pasará a la historia en el caso de que los de Chamartín consigan el pase a la final.

Una vez más, no sabemos si por la aparente placidez de los nuevos entrenadores del Barça o porque el clima ha mejorado entre los dos conjuntos de tanto enfrentarse. El caso es que la tensión se volvió a vivir dentro de campo. Hubo patadas —con Alves y Carvalho como principales protagonistas—, tensión, nervios y algunas manos sospechosas que podrían haber cambiado el resultado. No obstante, el ambiente fue cordial. Nadie culpó a los árbitros excesivamente ni hubo mayores incidentes que los del propio juego. Sin echar picante, el resultado parece justo para lo que se vio en el campo. Y así lo corroboraron ambos técnicos (aunque en el Madrid hable Karanka).

De una forma o de otra, ayer fue un día de esos en los que toca honrar al balón, independientemente de quién haya jugado, quién juegue o quién entrene la próxima temporada. Es uno de esos días en los que toca hablar de fútbol, al menos hasta la vuelta de Copa. Entonces, tendremos tiempo de reír o de llorar, pues al fin y al cabo, y aunque ya lo haya dicho alguien en este espacio, “el fútbol es la cosa más importante de las menos importantes”.

31/01/13

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