Salir corriendo

valdes-cortada-5MARIO BECEDAS | Sólo queda una vela encendida en medio de la tarta y se quiere consumir… Pero esta vez no se van los invitados, me voy yo. Así de tajante ha sido Víctor Valdés cuando todas las guirnaldas estaban preparadas para celebrar su renovación de por vida en la augusta familia azulgrana. En lo que sí se parece este cuadro al que nos pinta la melódica Amaral, no en la canción del título, esa ya llegará, denme tiempo, es en que todos se han quedado mirando sin saber bien qué decir.

El bombazo periodístico que ha supuesto esta no renovación ha dejado a Zubizarreta como a un descolocado Michael Douglas en ‘Un día de furia’, con la corbata que no le llega al cuello mientras Rosell sigue practicando sus perfeccionados ejercicios de escapismo con su cara de moneda, siempre la misma. El terremoto institucional ha cimbreado los sólidos cimientos de Can Barça más que cuando Guardiola decidió irse con Woody Allen y Annie Hall a hacer footing por Manhattan. El día en que el místico Pep colgó los hábitos culés, la consigna era clara, se va el único, el mejor, el irrepetible, lo arreglaremos como podamos. Todo se cubrió con mantillas negras a la moda Cospedal. Pero con el caso de Doble V la película ha sido distinta.

La repentina marcha programada del que fuera el último díscolo de libreto que pisó el vestuario blaugrana, el adjetivo más ajustable a Ronaldinho es festivo, ha sentado como un jarro de agua fría en todas las instancias culés por pura hipocresía y si me apuran, histeria colectiva. La fama de paquete de Valdés, encubierta a intervalos por los exuberantes éxitos del equipo, ha sido el balón resbaladizo que siempre ha ido a parar a sus manos. Esa bomba a punto de estallar se la estaban guardando muchos a la espera de su último error. Este conato de desprecio al barcelonismo de despacho ha cortado el cable rojo, y el azul también, por si acaso; para que todo explote. La prensa deportiva condal ya ha afilado sus colmillos abriendo el cajón de mierda con críticas al ya no tan chaval, demostrando tan sólo así la rabieta propia de quien pierde algo tan supuestamente pésimo como insustituible.

Del otro lado del escenario y sin figurar en las acotaciones, aparecen en este sainete los que ahora encumbran al erigido por ellos mismos protomártir como víctima a defender en estos difíciles momentos, en los que, cosas de la vida, resulta que es mejor que un deshinchado Casillas.  Al menos con los pies, la muletilla más empleada para apostillar esta veritas. Todo sea por torpedear al més que un club. Entre tanta jerigonza, pocos se han parado a pensar por qué se ha llegado a esto. Por qué el malotillo de L’Hospitalet no quiere que su tumba futbolística lleve la senyera, la cruz de san Jorge y el imprescindible balón de cuero.

El chico que se rapó como reivindicación de su mejor amigo en el vestuario, Eto’o, la otra furia de la manada en aquellos entonces, ha echado mucho la vista atrás para decidir marcharse antes de soplar la última vela que le quedaba en una coca que por muy dulce que pareciese, tenía más sal que azúcar glas. Dejémonos arrastrar una vez más por Nietzsche, y con permiso de Borges, pongámonos un poco románticos para acordarnos del eterno retorno. Esta máxima de vivir como si el ciclo se volviera a repetir paso a paso nos trae a un jovencísimo y altivo Valdés escapándose de los entrenamientos, todavía supuestamente, cuando un ciclónico Van Gaal lo denostó mandándolo de vuelta con correo certificado al filial tras unos decentes postureos en el primer equipo.

Con edad primorosa y la cabeza llena de rebeldía y todavía de pelo, inolvidable raya en el medio y gomina de la dura a lo ‘Dragon Ball’, Víctor se declaró en estado de sitio o excepción y salió zumbando en su cochazo con la intención de no volver. Al final cayó, regresó al redil. Lo de después, todos lo conocemos, un largo e idílico sueño con puntuales pesadillas más llamativas que graves. La humillación ante Villa, ese instante fatal. Ese gol para siempre. Quizá eso fue lo primero que aprendió Casillas, que en la foto hay que salir con ángel y que después, detrás de la cámara, pasará lo que tenga que pasar. Las instantáneas de Valdés parando los misiles que bien valían un trío de Champions no salieron en el carrete. Una persecución incesante se cernía sobre el mejor número 1 que ha tenido el club ahora estelado desde Ramallets. Desmemoriados los que enterraron en el álbum de los amargores al propio Zubi, al impagable cromo de Baía o hasta el absoluto exotismo de un Rustü que se pintaba la cara a sí mismo y a la afición, por no hablar de la cachazuda desgracia rutilante que se cernía siempre sobre el pobre Bonano.

Pero esta retahíla de maletas no ha tapado el lado oscuro de ese Spiderman que se paseaba por San Siro o que en su momento destrozó la moral de Henry. No ha sido suficiente, el fallo en el Bernabéu que permitió el gol de Benzema no descansa. Sus vástagos tampoco. Por eso, no sería extraño que el día de la ida de la última Supercopa, ante la incurable enfermedad, Valdés firmase su testamento vital. El error frente a Di María, bufonada de las mayores, exceso de confianza propio del cartón piedra henchido de vanidad, supuso el acabose. Aunque se volvió a echar todo el estiércol a mano para apagar la acuciante hoguera, el guardameta entendió que éste iba a ser el cuento de nunca acabar. Ya no quería curación, sólo desprenderse del mal o que el mal se desprendiese de él.

Porque ése era el eterno retorno. Volver al mismo sitio, volver a estar señalado. La asfixia y el consecuente anhelo de fuga de esa pequeña villa en la que todo parece perfecto pero en la que quizá haya escondido algún cadáver en el armario. La constante espina que se clava en la nuca, una grada expectante al fallo. Un aguijón periodístico que escribe con cicuta. El dolor de no asemejarse a los otros a pesar de ser imprescindible en el sistema. Se olvida su firmeza, su seriedad. La sombra que no cesa movió la foto. Por todo ello, Valdés se ha querido ir sin soplar la vela y seguramente con ganas de estampar a más de uno la tarta en la cara. Haciendo caso a otros acordes de la cantante zaragozana, se colige que esta no es manera de vivir/ cuánto crees que aguantará en tu vaso de cristal/ si estás sufriendo, tienes que gritar… salir corriendo.

25/01/2013

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