La ‘yihad’ del Wigan

Al HabsiÁLVARO MÉNDEZ | Asombro. Miedo. Cuando menos, inquietud. Leer la palabra yihad en un titular suele conducirnos a un mundo ilusorio en el que una decena de barbudos ataviados con turbantes y armados hasta los dientes retiene a la fuerza en nombre de Alá a un hombre blanco que, con los ojos vendados, suplica por su vida. En Occidente hemos sufrido de primera mano la sinrazón del radicalismo musulmán y es comprensible que la imaginación nos juegue malas pasadas. Sin embargo, los entendidos en estudios islámicos diferencian sustancialmente entre los dos significados que se le atribuyen a tan polémico vocablo. Por un lado, la pequeña yihad, la guerra santa, la que todos tememos y que lleva irrevocablemente al conflicto y al terrorismo. Por otro, la gran yihad, olvidada por los integristas, de corte espiritual, que se centra en aquella lucha personal contra el propio ego para mejorar interiormente.

Cuando, allá por el verano del año 2010, Roberto Martínez se fijó en Ali Al-Habsi, el fornido arquero musulmán que custodiaba el banquillo del Bolton, poco le importaron sus creencias religiosas o su inhóspito país de procedencia, Omán. Aun a sabiendas de que la yihad es un mandamiento sagrado para el Islam y de que el radicalismo tiene su fortín en la Península Arábiga, el técnico ilerdense decidió confiar en él y otorgarle los galones para defender la puerta del Wigan. Cualquier prejuicio religioso quedó así relegado a un segundo plano a pesar de que, hasta entonces, el bueno de Al-Habsi nunca había dudado en expresar públicamente sus convicciones. “No juego en este país por mí, sino por mi país, mi religión y mi fe”.

Lo que, tanto en el plano deportivo como en el religioso, pareció una maniobra suicida no tardó en dar sus frutos. El cancerbero se ganó la titularidad con actuaciones de ensueño y se erigió en artífice de la permanencia de los latics en la Premier League esa misma temporada, por lo que fue nombrado Wigan Athletic Player of the Year. Tras ocho campañas vagando por el Viejo Continente, el que en su día fue el primer futbolista de Oriente Medio en jugar en Europa se convirtió casi por arte de magia en el ídolo del DW Stadium.

Su sueño de la infancia de triunfar en Inglaterra se había hecho realidad. Sin embargo, los hechizos no forman parte de la filosofía de Al-Habsi. Pero sí la gran yihad. Sí la determinación, la constancia y el trabajo. Y es que no todo el mundo es capaz de reunir el suficiente valor como para abandonar los arenosos —pero cómodos— campos de tierra de tu barrio para viajar a un terreno desconocido donde no siempre te van a mirar con buenos ojos. Pero el meta, haciendo gala de sus reflejos, rápidamente se aclimató a una atmósfera cultural y religiosa diametralmente opuesta a la que siempre había vivido. Siempre, con la tolerancia como bandera y sin renegar de sus raíces musulmanas.

Al-Habsi nunca ha dudado en expresar su gratitud hacia el pueblo europeo que jamás le ha impedido profesar su fe y que tan bien le ha acogido desde que llegó del lejano Oriente. Quizás sea una herencia de la particular forma en que se vive el Islam en su nación. Si bien es cierto que Omán es una monarquía absoluta en la que cada cuatro años se representa un teatrillo con apariencia de elecciones, el sultanato es conocido por su moderación religiosa. De hecho, es el único Estado musulmán en el que el credo mayoritario es el ibadí, una rama mucho más moderada que la suní o la chií, que aboga por un mayor entendimiento con el resto de las religiones y que considera el fanatismo religioso como un pecado. Así, no es extraño encontrarse con iglesias o templos hindúes en Mascate, la capital de un país en cuyas universidades está terminantemente prohibido el uso de velos integrales como el burqa y el niqab.

Que cunda el ejemplo y que el balón eche a rodar. Que el fútbol pueda disfrutar de la pasión que despierta en los más recónditos rincones del mundo. Que todos, no importa la raza, el pasaporte o la religión, podamos disfrutarlo. Y que si llega un disparo envenenado por el odio haya guardametas como Al-Habsi dispuestos a sacarlo de puños. Siempre, metafóricamente hablando.

24/1/2013

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7 thoughts on “La ‘yihad’ del Wigan

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  7. ¡POLE!
    ¡Gran artículo! Tranquiliza ver ejemplos de este estilo. Sería ideal que algún “no-musulmán” pudiera siquiera practicar deportes en ese tipo de países. Tiempo al tiempo.

    Saludos

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