Si la guerra no acaba con Malí

Barcelona's Keita celebrates after scoring a goal against Shakhtar Donetsk during their Champions League match in BarcelonaÁLVARO MÉNDEZ | Cara o cruz. De nuevo, unos fatídicos cuartos de final se iban a decidir en la cruel lotería de la tanda de penaltis al caducar los estériles 120 minutos que deberían haber encumbrado al tercer semifinalista de la Copa África 2012. Malí se enfrentaba a Gabón, anfitrión del torneo que contaba con el apoyo de las 30.000 gargantas que se congregaban en el estadio de Angondjé. Pero se hizo el silencio. Tan solo once metros le separaban de la gloria. El quinto penalti, el definitivo. El que no se puede fallar. Seydou Keita se encomendó a Alá y, con una tranquilidad pasmosa, ejecutó con su zurda un disparo raso que se coló sutilmente pegadito a la cepa del poste izquierdo de la meta local. Malí estaba en semifinales.

Fue entonces cuando el todavía jugador del FC Barcelona dejó fluir sus emociones. Sin embargo, lo que deberían haber sido lágrimas de felicidad al haber conseguido la clasificación se convirtieron en gotas de rabia que clamaban por la paz en su país. “Pido el apoyo de todos para que esto pare. Necesitamos paz, todos somos malienses. El Presidente de la República ha de hacer todo lo que esté en su mano para detener la violencia. Celebramos nuestra victoria, pero al mismo tiempo no podemos evitar sentirnos tristes por lo que está pasando”.

La petición —casi súplica— de Keita estaba tremendamente justificada. Hace un año, la inestabilidad se apoderó de la mitad norte de Malí. Los tuareg, pueblo dominante en el Sahara y en el Sahel, decidieron unilateralmente separarse del resto del país y formar un nuevo Estado independiente llamado Azawad. Varios grupos armados radicales e integristas islámicos, distintas facciones de Al Qaeda que se mueven con soltura en zonas donde la ley brilla por su ausencia, secuestraron el levantamiento y derrotaron al débil ejército gubernamental. Desde entonces, se implantó en Azawad un régimen integrista regido con mano de hierro por el grupo Ansar al Din, radicales islámicos de origen tuareg próximos a Al Qaeda, en el que la más estricta sharia —la ley islámica— se erigió en única norma vigente. En su nombre no han dudado en destruir ruinas históricas como las de Tombuctú, en imponer brutales castigos físicos consistentes en la amputación de miembros o la flagelación, o incuso en prohibir el fútbol. Sí, tal y como lo leen.

Ante una posible expansión de los dominios de Ansar al Din y la instauración de un nuevo Afganistán, Francia —antigua metrópoli en la era imperial— intervino militarmente a principios de mes con el principal objetivo de socorrer al impotente Ejecutivo de Malí, incapaz de contener el avance yihadista. La guerra abierta que se libra desde entonces amenaza con perpetuarse en el tiempo causando innumerables víctimas en un país que, trágicamente, está demasiado acostumbrado a las catástrofes humanas.

Ahora las águilas de Malí volarán a Sudáfrica con la incertidumbre de no saber qué será de su país cuando regresen. El mencionado Keita, otro viejo conocido del fútbol español como Mohamed Sissoko, y las figuras Cheick Diabaté y Adama Coulibaly se verán en la obligación de entregarse en cuerpo y alma a su nación para, al menos, dar una alegría a sus sufridos compatriotas. Nada sabría mejor que repetir en esta edición de la Copa África el tercer puesto logrado de forma épica en 2012.

Tal vez, en algún momento de máxima tensión del campeonato —que los habrá— , las lágrimas vuelvan a dejarse ver surcando los prominentes pómulos del ex mediocampista azulgrana. Seguramente entonces volverá a implorar a Alá que, en su nombre, no se cometan asesinatos y prohibiciones injustas. Puede que pida por el fin de la guerra en el país que le vio nacer. Probablemente su oración esté encaminada a que los aguiluchos de su país puedan dar patadas a un balón sin que en un futuro algún barbudo, rifle en mano, se lo impida. O quizás recordará lo que dice el Noble Corán en el versículo 7 de la Sura de Las Filas: “¿Pero quién es más injusto que quien inventa mentiras sobre Alá habiendo sido llamado al Islam? Alá no guía a la gente injusta”.

17/1/2013

One thought on “Si la guerra no acaba con Malí

  1. Enhorabuena un jueves más por este Telón de Acero!
    Conseguís que haya personas que sin tener un mínimo de interés por estos temas se enganchen a vuestros artículos cada día. Gracias Falso9.

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