Un collage multicolor

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JULIÁN CARPINTERO | El próximo sábado los focos del planeta fútbol dejarán de alumbrar a los estadios del Viejo Continente para mirar por unos días a su hermano pobre y volver a llenar de luz, como si de junio de 2010 se tratara, a Sudáfrica. En el país que idolatra a Madiba, el reo más famoso de todos los tiempos, se celebrará la XXIX edición de la Copa de África de Naciones, un torneo sin parangón que inmortaliza imágenes para el recuerdo como si de un cuadro de Matisse se tratara. Sólo las curiosidades propias del continente superan al colorido y la sonoridad que se vive en sus estadios.

Así, el azar quiso que Sudáfrica, Angola, Marruecos y Cabo Verde cayeran encuadradas en el Grupo A. La anfitriona estará dirigida desde el banquillo por Gordon Igesund, el segundo entrenador autóctono de raza blanca de su corta historia. Este hecho tiene especial importancia en una nación en la que el fútbol ha sido un deporte que tradicionalmente se ha entendido como el divertimento de los niños negros de los suburbios, en contraposición con el rugby, más propio de los afrikaaners de tez blanca. Cerca de 11.000 son los kilómetros que separan Luanda, la capital de Angola, con las ciudades más importantes de Chipre, donde el resto del año despliegan su fútbol Marco Airosa, Zuela, Gilberto y Dedé, una sexta parte de los integrantes de los palancas negras en esta competición. Marruecos acude a Sudáfrica con la obligación de hacer algo grande después de su decepcionante última participación. A pesar de contar con jóvenes valores como Barrada o Belhanda, la convocatoria de Taoussi se distingue por la ausencia de las grandes estrellas: Taarabt, Chamakh, Boussouffa o Kharja. Como nota anecdótica, en la lista de Cabo Verde, otra antigua colonia portuguesa, figura el nombre de David Silva, que jugó en el Castellón, pero sin relación alguna con el de Arguineguín.

Ghana, la República Democrática del Congo, Malí y Níger son los países que integran el Grupo B. Las estrellas negras, que rozaron el pase a semifinales en el Mundial de 2010, cuentan en sus filas con Rashid Sumaila, un central de 20 años de 200 centímetros de altura, el futbolista más alto de la competición. Robert Muteba Kidiaba es el nombre propio de la R.D. del Congo. El estrafalario portero del Mazembe, aquel equipo al que solo el Inter de Milán pudo ganar en el Mundialito de Clubes de 2010, es un espectáculo tanto por sus paradas como por su look y sus celebraciones. La selección de Malí tiene un aire vintage que, a buen seguro, cautivará a los más nostálgicos, pues su doble pivote del centro del campo estará formado por dos viejos rockeros, no muy duchos técnicamente pero conocidos de sobra en la Liga BBVA: Mahamadou Diarrá y Seydou Keita. El número 10, reservado para los virtuosos del balón, en Níger lo porta Boubacar Talatou, un centrocampista que, paradójicamente, se encuentra sin equipo después de que el Orlando Pirates sudafricano rescindiera su contrato.

El C es, sin duda, un grupo de contrastes. Zambia es la actual campeona y, como en 2012, las esperanzas de la hinchada chipolopolo recaerán en la familia Katongo. Chris y Felix, hermanos, son la base del equipo que intentará honrar la memoria del malogrado Chitalu, tan de actualidad los últimos meses. En Nigeria están tranquilos si su destino se tiene que decidir en una tanda de penaltis, pues Vicent Enyeama es, a la vez, guardameta y lanzador; el meta del Maccabi ya demostró en una edición de la Champions League que conoce todos los secretos de las penas máximas. Bajo sospecha estará, sin embargo, Paul Put, el seleccionador de Burkina Faso. El preparador belga fue suspendido por la Federación de su país por una trama de amaño de partidos en colaboración del empresario chino Ye Zheyun, cuando entrenaba al Lierse en 2005. En cambio, en Etiopía no quieren saber nada de foráneos, puesto que 20 de los 23 jugadores del país más modesto de la Copa de África militan en la precaria liga local.

El Grupo D parece, a priori, el más competitivo. Costa de Marfil, que perdió la final de la pasada edición en los penaltis, ha reclutado a la vieja guardia para reconquistar un título que se colgó en 1992. Con Drogba como maestro, los elefantes han formado a dos becarios de lo más cualificados, como son Bony —pichichi de la Eredivisie— y Lacina Traorépareja de Eto’o en el Anzhi—. Msakni es el nombre propio de Túnez, un icono social equiparable a Beckham, que sobresalió en la última Copa de África y que acaba de cerrar un multimillonario traspaso al Lekhwiya catarí. La selección de Argelia, presente en el último Mundial, ha convocado a Hameur Bouazza, que buscará en su tierra toda la paz que no está viviendo en Santander, donde la nefasta situación social y deportiva del Racing ha provocado que unos radicales le amenazaran en su propio domicilio. Togo es el país que cierra el grupo, una selección que, a expensas de saber qué pasa con su estrella Adebayor, estará dirigida por el francés Didier Six, coetáneo de Platini, Giresse y compañía y campeón de la Eurocopa de 1984.

Estas son solo unas pequeñas pinceladas del gran lienzo que el continente negro pintará para el mundo en las próximas tres semanas. No obstante, conviene no dejarse contaminar por los tópicos y típicos manidos del balompié africano. Cada partido es una fiesta en las gradas pero una batalla futbolística es en el césped. Bienvenidos a África y disfruten.

15/01/2013

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4 thoughts on “Un collage multicolor

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