Porque . . .

barça-corazonMARIO BECEDAS | Porque no llegaste a romper esas botas de tacos que te compraste con toda la ilusión del mundo. Porque a la hora de jugar un partido, como me ha pasado a mí después, estabas en la última tanda para ser elegido. Porque enseguida entendiste que el fútbol era una vía de escape para forofos pero un espejo para los románticos. Porque cuando sólo había blanco y negro en España, entendiste que el balón era el único que se podía mover.

Porque cuando buscaste colores en una trastabillada patria blanca, grande y supuestamente libre no caíste en el éxito ye-yé de Chamartín, sino en el nacimiento de la tragedia. Porque hiciste caso a tu amigo Fermín y desde casi 1000 kilómetros empezasteis a mirar a Barcelona cuando los más brutos del pueblo aún hablaban de lo bueno que era un tal Cuchares, que no era otro que el mítico Puchades. Porque hay elecciones que marcan un antes y un después en la vida. Porque desde aquel día todo cambió. Porque los grandes prohombres del que era algo más que un deporte rey te hicieron tener otra visión del mundo. Porque llegaste cuando Kubala dejaba de patear en blaugrana. Porque la final de la Copa de Europa de los palos que os arrebató Eusebio iba a ser más un prefacio que una circunstancia. Porque ese día te diste cuenta de que no había vuelta atrás.

Porque el primer Mundial con el que disfrutaste te dejó nombres como Gordon Banks y los Bobby, Moore o el otro, Charlton, que una vez tras otra me mentaste. Por no hablar de los que nunca dejaron tu cuadro de honor pese a haberlos tenido sólo en cromos: Basora, Ramallets, Samitier… Porque mientras crecías y dejabas de ser un niño, los 70 te descubrieron rompiendo ese transistor para el que ahorraste durante todo un año por culpa de Guruceta. Porque empezaste a acumular Dinámicos para que no se te escapase ni una estadística. Porque mientras los otros gritaban, tú anotabas las rachas de los equipos que en aquella época eran serpientes y no las líneas rectas de ahora.

Porque el día en que un zancudo holandés con media melena fue traído por el presidente Montal algo también iba a cambiar para siempre. Porque el 0-5 en el Bernabéu comandados por el Flaco te trajo más cerca la magia que aprendiste en los Mundiales. Porque esa manera de romper con todo desde la elegancia se hizo tu bandera. Porque te admiraba que sólo en el Camp Nou se pudiera hablar catalán en un país que ya pedía salir de la membrana del caudillaje. Porque a partir de entonces, todo se convirtió en ese gol imposible de Cruyff frente a Reina, ese remate que ibas a atesorar para toda la eternidad.

Porque te sabías el Mundial del 82 de memoria. Porque coincidiste en Sevilla con la selección de Brasil y te alojaste en la habitación 13 del hotel gracias a los supersticiosos aficionados canarinhos con tu idolatrado Sócrates al mando, el del pie pequeñito, como me contabas, que no la querían por su terrible triscaidecafobia. Porque pese a la mala racha de títulos de esa década ominosa, sabías que el tal Schuster que viste despuntando en la Eurocopa del 80 era un superclase. Porque lo fugaz que resultó Maradona en la ciudad condal hizo que siempre le recordaras  destrozando su vida desde Pedralbes, pero sin dejar de dar toques con una naranja. Porque la noche de Querétaro te quedaste sin dormir y tuviste que hacer kilómetros hasta una tele para ver volar a Butragueño, aunque fuese del Madrid y aunque trabajases al día siguiente. Porque la Selección siempre acabó siendo tu espina clavada, más cuando los tuercebotas, como me decías que nos llamaban, se plantaron en un final con la que no pudo el gran Arconada. Porque llegó el rejonazo de Sevilla contra el Steaua y Bernd se marchó en taxi. Porque acabaría llegando el Motín del Hesperia y porque un poco después llegué yo, para poner fin a una década que empezó con el secuestro de Quini, que a ti, como a todos, tuvo en vilo cuando aún resonaba el 23-F.

Porque con el Cruyff de los infartos, los Chupa-Chups y la primera Copa de Europa ya lo veías todo tan tranquilo. Porque sabías que ese talludito Guardiola iba a ser especial y lo decías. Porque yo era pequeño y te quitaba el fútbol para poner los dibujos. Porque sin decirme nada y dejándome, fui yo el que acabó poniendo el reflejo verde en la tele. Porque aunque adivinabas la calidad de lo pelat, sabías que ni el buda De la Peña ni los García Junyet harían olvidar el regate de Romario y las dejadas de Laudrup. Porque harto apagaste la radio en ese Barça-Atlético, y cuando la volviste a encender, el Ronaldo que aún no era gordo, había metido ya más goles que dedos hay en la mano. Porque sentiste la marcha de Robson y la época de Van Gaal fue dolorosa. No querías ver, pero no podías evitar sentir, como la pena de presenciar a tu querido Rexach bregando con todo eso. Porque, a pesar de romperos la ilusión de más de 100 años, te dio lástima el día que un agresivo Sevilla desmanteló al Barça en casa y la grada sacó el pañuelo blanco al denostado presidente Gaspart que estoico aguantaba en el palco.

Porque el día en que Antic adelantó a Xavi frente al Betis y ganasteis 4-0, allá por 2003, me dijiste que el trabajo de ese chaval era un monumento, que eso podría llegar muy lejos. Ni te lo imaginabas. Porque Rijkaard os devolvió con los hechizos de Ronaldinho y Eto’o la Copa de Europa, una final que el dichoso trabajo no te dejó ver. Porque cuando Messi firmó tres goles ante el rival de siempre, sabías que esto no había hecho más que empezar. Porque también veías que un tierno Iniesta, con el 24 a la espalda, iba a llevar tardes de gloria. Pero como elegimos el camino difícil, me dolerá toda la vida que el último partido que vimos juntos, cuando la enfermedad ya te ganaba el pulso, fuese el del pasillo. Porque pese a eso, nunca te tomaste ni la molestia de ser antimadridista, sólo era indiferencia que un día empezó por mera impotencia. Hasta que llegó Johan, de hecho.

Porque el último suspiro te halló con Villa vapuleando a Rusia en una Eurocopa que no viste terminar. Porque aunque estuviste de soslayo en lo del 64, no hubieses vivido mejor momento que ese penalti de Cesc contra Italia. Porque tú también confiabas en el viejo Zapatones. Porque te perdiste lo que adivinaste, la era Guardiola. Tu favorito, el que fuera niño mimado de Núñez. Porque el día del 2-6 te busqué muy alto, pero ya no estabas. Porque el año de los 6 títulos supuso el regalo que la cabrona vida nunca te debió haber quitado. Porque cuando Andrés marcó nuestro gol a Holanda, no fui capaz de gritar, y creo que fue por tu culpa. Porque tú siempre amaste esto del balompié en silencio, sin gritar jamás, ni en la victoria ni en la derrota, sin asaltar ninguna fuente. Porque desde hace dos años no dejo de soñar cada noche que me despierto, te encuentro, y sin decirte nada, te enseño una foto de Casillas y todos los demás levantando la Copa del Mundo.

Porque tú no pudiste con la lucha con la que ha combatido Abidal y ahora le toca a Tito. Porque ellos podrán vencer fijándose en el tesón que le echó gente como tú. Porque con los años, frente al espejo, uno va viendo el reflejo de su padre. Porque ahora me toca a mí seguir viviendo el fútbol, aunque imposible hacerlo desde de la generosa distancia con la que tú siempre lo abordaste. Porque ser “del Barcelona”, como tú decías, puede ser sufrir, pero también superarse a cada momento, caerse y volver a levantarse. Pensar siempre que lo mejor… está por venir.

4/01/2013

27 thoughts on “Porque . . .

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