Amigos

amigos-900x300MARIO BECEDAS | De ilusiones perdidas y noches de copa rota, mil lunas sin un destino claro, pero siempre volviendo a ese lugar. Un sitio donde cada palabra o cada gesto es un rincón más de nuestros días. Un refugio antibombas, un búnker, la zona neutral, el reducto. En definitiva, una excusa. El grupo de amigos.

No tenemos opción, nacimos todo corazón, pero tras un bonito viaje nos salpicó la metralla de una guerra que no queríamos ver venir. Por eso, llegando la noche, cuando el horror duerme, cuando se conoce a las personas de verdad, nos encontramos los de siempre. Los chicos. El equipo. La misma alineación, las mismas jugadas. Una grada invisible nos increpa y nos admira. El atrás nos vigila desde el banquillo. No queda más remedio, ni lo queremos ya. Hay que jugar. Ya dijo Bosé que los chicos no lloran, tienen que pelear. Que los chicos no lloran, sólo pueden soñar.

Y con ese estribillo clavado en el fondo de cada córner, de cada copa, de cada artículo, de cada chica; buscamos un  fin de semana tras otro la pequeña gloria, la victoria en la batalla septenaria. Una escaramuza que nos gusta, que nos representa, un lugar común que es lo diferente y lo conocido, lo que no ha cambiado pero nos ha visto cambiar.

No nos dieron arma, sólo víscera dura. Luchamos jornada a jornada con la letra para los viernes esgrimir con fuerza la palabra. Siempre con una risa de fondo. Dejando en pasajeros los enfados. Cuando se puede, al albur de la mesa, no se busca hablar de la victoria, la gracia está en el partido. Nuestra casa es la derrota, el resultado nunca lo hallamos en un luminoso. El mañana siempre nos podrá brindar un preciado “¡Éramos los mejores!” seguido de una monumental carcajada. Cada ocaso semanal, llueva o nieve, el calor queme o en Madrid sólo aguantemos los gatos callejeros, el balón echa a rodar.

Inciertas vidas que se quedan en la puerta del vestuario o del bar, aquí sólo se traen las ganas de estar. Hablamos de lo que sabemos y de lo que no, latiendo por cada instante que se fue y que vendrá. Analizando las conquistas que nunca llegarán, dejando atrás los errores que nunca se enmendarán y sin pensar en un próximo encuentro que sabemos seguro habrá.

Es el conjunto, el equipo, el vestuario, la comunión. La unión. El espíritu del fútbol antiguo, el del esférico de cuero y cordón, el de campo sin líneas, el del partido de horas y horas, el de cristales rotos, el que siempre llevamos consigo. Lo que perdura. La crónica que nunca nos dejarán redactar y que por tanto enjaretamos aquí, con cariño, el precioso metal que se nos agota. Eso es falso 9, eso ha sido 2012. Los amigos. Sólo buscábamos un trozo de felicidad, pero nos dijeron que los chicos no lloran.

28/12/2012

One thought on “Amigos

  1. ¡Enhorabuena por el artículo! La juventud de muchos ha sido como la que usted relata: muchas ilusiones y dar patadas a un balón! Pero es que también fue así, más si cabe, la de la generación de mis padres, de sus abuelos señor Becedas! Mis felicitaciones nuevamente y hágalas extensivas al resto del equipo de falso 9.

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