Dios es redondo

Henri Cartier-Bresson 37 Falso 9

DAVID LÓPEZ PALOMO | Permítanme que me salga de mi papel habitual en este 26 de diciembre en el que los langostinos, el cordero, el vino y el champán siguen tan presentes. Permítanme —aunque no sé si es el mejor día— que les hable de literatura, de niños, de regalos y por ende, de las Navidades. Permítanme que este texto sea una loa a lo que Javier Marías definió como “la recuperación semanal de la infancia” y, al mismo tiempo, sea una recomendación e incluso una reseña —ya adelanto que favorable— de ‘Dios es redondo’ de Juan Villoro. Permítanme todos estos excesos y decesos en pos de facilitar la tarea —tan perpetua y a la vez tan entrañable— de comprar los presentes del día de Reyes; ya sean propios o ajenos.

No es casual y, por tanto, tampoco es fruto del devenir, ni la elección del libro ni la fecha en que se publica el artículo. La Liga está parada y el relato periodístico decrece en interés por el monopolio de Mou y su cabreo con Iker. Sin temática aparente, sólo nos queda rendir tributo al embrujo de las letras y la excelsitud de las crónicas de otro tiempo. Y eso, al fin y al cabo, es lo que propone el escritor mexicano, Juan Villoro, en su libro ‘Dios es redondo’. Que, tirando de perchas informativas y con motivo de la natividad de nuestro señor —o de quién lo sea—, puede ser un buen regalo para los próximos Reyes o quién sabe si para otra ocasión.

Su ensayo, forjado a través del Dios primigenio que es Diego Armando Maradona, reúne la épica de las grandes crónicas y los ritos que la religión laica convoca en los estadios. Pero, por encima de todo, es una apología de lo que el balón significa para millones de seres humanos en todo el planeta. Sin levantar trincheras, hace un alegato a su universalidad. No entiende de países ni de fronteras. Sólo entiende de pasiones encontradas y, a su vez, de los sentimientos que el esférico desencadena al chocar contra las mallas.

Esos sentimientos los desencadena el autor a través de su experiencia profesional en los Mundiales de Italia ’90 y Francia ’98, pero también a través de su experiencia como seguidor del Barça. En sus propias palabras, nació “bajo la obligación pasional de apoyar a un club que era mucho más que eso”. Su padre, barcelonés de cuna, salió de España a los diez años convencido de que el fútbol depende de los pases oblicuos porque la Diagonal conduce al Camp Nou. Y al niño, le regaló un llavero que —como a mí el día que me pusieron la camiseta de Laudrup o a usted el día que le pusieron la de Butrageño— tatuaría en su interior unos colores que, pasen los años que pasen, seguirán perdurando en lo más hondo de su ser.

En su caso, además, su vida también le llevó a apoyar al Nexaca. Un club que no puede estar más alejado del Barça, no sólo porque durante 57 años no ganó la Liga, sino también porque su precariedad es tal que ha desaparecido dos veces del circuito nacional. Así de caprichoso es el fútbol y así lo quiere hacer ver Villoro en su libro, donde recurre a la niñez en varias ocasiones, tal como apuntaba Marías: “El hombre en trance futbolístico sucumbe a un frenesí difícil de asociar con la razón pura. En sus mejores momentos recupera una porción de infancia, el reino primigenio donde las hazañas tienen reglas pero dependen de caprichos, y donde algunas veces, bajo la lluvia oblicua o un sol de justicia, alguien anota un gol como si matara un leopardo y enciende las antorchas de la tribu”.

Por todo esto, permítanme que en este día donde lo noticiable permanece en un segundo plano, les haya hablado de literatura, regalos, niños y Navidad. Permítanme, en definitiva, que les recomiende este libro que leí hace un tiempo y que siempre acude a mi memoria. Quizá lo haga por casualidad o por error, o quizá sea porque Villoro es capaz de hablar de la pelota y de historias que, en muchas ocasiones, nacen de la desgracia. “Las familias felices no producen novelas”, decía Tolstói. Y en este caso, y como apunta el autor, tampoco futbolistas. Seguramente, porque el fútbol responde a un “catálogo de imponderables” difícil de resolver o, puede también que sea porque en el fondo —como dicen Pedro Cifuentes y Pablo Martínez Arroyo— “todo lo interesante que hace el hombre lo hace por razones líricas”. En definitiva, permítanme que hoy les haya hablado en primera persona.

26/12/12

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3 thoughts on “Dios es redondo

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