Omertà

THE GODFATHER, Al Pacino, 1972

SERGIO MENÉNDEZ | Se entiende por Omertà la ley que castiga con la muerte a la persona que rompa su silencio sobre cualquier materia considerada como secreta y cuya trascendencia rebase el perímetro de confianza establecido por el ente sancionador en cuestión. Independientemente de si la fuga se ha producido por error, es fruto de un despiste o intencionada; en el terreno de la confidencialidad, la norma resulta de lo más inflexible a la hora de saldar cuentas, y nada sirve como moneda de cambio sino la vida.

Desde una perspectiva etimológica, es la lengua vernácula del César donde tan respetable código hunde sus raíces, hasta devenir en lo que en castellano daríamos hoy en llamar “hombredad” o, como señalan otros expertos en lo que al origen de las palabras se refiere, “humildad”. La disparidad de teorías queda, sin embargo, reducida a la categoría de evidencia cuando sometemos el término a ese perverso juego consistente en asignarle un supuesto lugar de procedencia, tan sólo guiados por su locución. Una vez hechos los honores por parte del lector, comprobaremos cómo al pronunciarla nos evadimos sin remedio al país que otrora fuese sede del Imperio, pero varias millas al sur del Lazio.

Prácticamente impermeable al paso del tiempo, el color negro ejerce en nuestro destino el mismo poder sobre la vestimenta de la mujer que la familia como elemento vertebrador en la vida de sus lugareños. Allí nada ocurre por casualidad, aunque así se obligue todo el mundo a pensarlo, dadas las suspicacias que un exceso de curiosidad o una pregunta de más puedan acarrearle a uno entre la comunidad. La ceremoniosa condición que el maestro y mentor, Fermín de la Calle, le otorgó en su día, convierten de esta manera a Sicilia en fuente de inspiración para la Omertà y los oscuros relatos protagonizados por la Cosa Nostra que a su alrededor giran, ya sea en forma de novela, guión de cine o, al igual que en el caso que nos ocupa, crónica periodística.

Resulta fácil y en cierto modo redundante relacionar lo vivido el pasado sábado entre José Mourinho y el periodista al que, en adelante, y por lógicas razones de seguridad, nos referiremos como “A.M.” tras la rueda de prensa de Valdebebas con el poso cultural que la temática mafiosa y la moda gangster nos han ido dejando. Lo que sí se antoja extraordinario es el hecho de que el rol de los interfectos se encuentre tan meridianamente definidos que sea prácticamente imposible diferenciarlos de los desempeñados por los hermanos protagonistas de la obra nacida del puño y letra de Mario Puzo en 1969, y que tres años después el también genio de pasaporte estadounidense y ascendencia italiana, Francis Ford Coppola, inmortalizó en el celuloide a través de la primera parte de la ineludible trilogía que es El Padrino.

El detonante de tan agreste episodio podemos ubicarlo hace casi una semana en Balaídos, cuando A.M. se hace eco en las ondas de una información por la cual varios jugadores del Real Madrid verían en Silvino Louro la sombra de un topo —que no top—  que filtra al míster cualquier observación poco amable que de él se haga entre la plantilla.

Sucede que el sábado, tras la comparecencia de Mourinho previa al entrenamiento vespertino, A.M. es convocado por un miembro del club a un reservado en el que concurren Louro, el propio Mourinho y otras tres personas cuya falta de protagonismo permite aglutinarlas en la figura del más tibio y menos carismático de los hermanos Corleone: Fredo. Llama la atención la ausencia de Aitor Karanka, hijo adoptivo del cuerpo técnico del primer equipo al que, como no portugués y mano derecha del entrenador, podríamos considerar el consigliere Tom Hagen. Se inicia entonces un vertido de acusaciones por parte de Louro hacia A.M. en un portugués tan cerrado que bien podría haberse tratado de arameo o dialecto siciliano. Si al momento le sumamos encima la dureza de su gesto y el ímpetu con que el valedor de Cech impartía la bronca, parece como si uno estuviera asistiendo a la escena en que Sonny Corleone responde a uno de los paparazzi que se presentan a la boda de su hermana haciéndole su cámara añicos contra el suelo, aunque en este caso no hubiera que lamentar daños de ningún tipo.

He aquí que irrumpe Mourinho en la conversación para imponer su autoridad de la misma forma en que lleva haciéndolo desde que un convaleciente Florentino Pérez, como el Don Vito interpretado por Marlon Brando, delegara todo el poder de su clan en esa suerte de Al Pacino o Michael Corleone que en realidad es The Only One. El objetivo era hacerse valer por encima incluso de la Omertà periodística que impedía a A.M. desvelar la fuente de su información. Aunque para ello hubiera que recurrir al marco de una puerta separando excelencia de estiércol, correr velos en forma de amenaza, emplear un fondo de pantalla de móvil como arma arrojadiza o la más pura descalificación. Un pequeño pero esencial detalle, en definitiva, que todo buen siciliano, sabedor del importante papel que el silencio ejerce en la superviviencia, debería haber tenido muy en cuenta antes de cometer la torpeza en que finalmente se tradujo el intimidatorio encuentro con A.M.

Resta ahora por ver si a esta primera entrega de la saga terminarán sucediéndola las otras tantas que quedan de por medio hasta completar un rodaje al que todavía le quedan más de tres años de contrato. Aún hay personajes por descubrir. ¿Quién sabe? Quizá el siguiente en desvelar su identidad tras la careta de Tessio sea una de las tres ovejas negras de las que habla Mourinho. Puede que el caprichoso destino quiera que Tessio sobreviva a Michael y no al revés. Puede incluso que, en efecto, Tom Hagen no logre esta vez impedirlo…

19/12/2012

10 thoughts on “Omertà

  1. Pingback: El Ozzy Osbourne que hay en Burgos | Falso 9

  2. Pingback: En tu fiesta me colé | Falso 9

  3. Pingback: Quique Peinado: “Algunos dirigentes de medios deberían irse a la puta calle” | Falso 9

  4. Pingback: Caín y Abel | Falso 9

  5. Pingback: Ocaso | Falso 9

  6. Pingback: ‘Fenómeno Mou’. Un libro y dos fenómenos | Falso 9

  7. Pingback: Guillermo G. Uzquiano: “No podría trabajar en un medio en el que me impusieran lo que tengo que decir” | Falso 9

  8. Pingback: Adán y la manzana « Falso 9

  9. Pingback: Ligarse a Wesley « Falso 9

  10. Pingback: El petroimperio galo del PSG « Falso 9

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s