Quid prodest?

Rafa-benitez-900-x-300MARIO BECEDAS | Aparte de esputarnos que la gente siempre es infiel llegado el momento y que el fútbol le producía “verdadero asco físico”, un ilustre y bullanguero catedrático de la Facultad nos explicó, en uno de esos días en los que la vida resultaba fácil y todo, lo que era un latinajo. Instruidas las pobres criaturas de la LOGSE en tan curioso concepto, el eminente orador se transfiguró en Ovidio o Virigilio, me falla la retentiva, para dar paso a una expresión latina más alejada de las tinieblas macarrónicas que inspiraba el –ajo, la cual no era otra que el conocido Quid prodest?, para entendernos, un ‘¿a quién beneficia?’

Teniéndole que dar la razón en lo primero, uno que le tenía en alta estima se rebeló y se puso a aporrear las teclas a golpe de balón sin respetar la segunda cláusula, la del “asco físico” a tamaño movimiento social y candidato a deporte. Sacando tajada a tan clásico descubrimiento, un servidor lo extrae de la carpeta de la memoria y mirando a la no tan azarosa actualidad futbolística se pregunta a quién beneficia el último viaje emprendido por el siempre discutido pero pocas veces discutible Rafa Benítez.

Es probable que las estériles semillas que plantó un más que previsor Mourinho en Stamford Bridge hayan crecido con ciertas mutaciones genéticas al ser regadas durante años con el petróleo de Abramovich. Tal insulto a la naturaleza del frondoso bosque balompédico ha provocado que mucho ebrio de éxito volátil insulte ahora al sujeto que puede enseñarles lo que ya se sabe en todos los mentideros, que el milagro muniqués fue el sueño de una noche de verano en la que el Bayern emuló en su propio estadio al joven Werther volándose los sesos.

La ciega ira contra el español por su pasado red nace del desconocimiento y la revancha de un afición advenediza que se hizo mayor viendo al pobre Zola dándole patadas a una piedra mientras un pusilánime Ranieri, el que ahora implora a la Parca monegasca, aplaudía sin cesar. Seguramente ninguno de estos blues, como muy pocos de los hijos de los Beatles a los que Benítez devolvió a Europa dándoles a probar la tortilla de patatas cuando solo cataban UEFA y rosbif, sepa qué pasó aquella glacial noche del 15 diciembre en que el año 2001 ya le estaba poniendo las bolas al árbol de Navidad y en Montjuïc se empezaba a forjar una historia de las que los lustros entierran bajo estiércol, pero no para que crezcan mejor, sino para que ningún insensato se acerque al pretendido cadáver. Seguramente, sin saberlo, un hombre salvaba el destino de otro por los siglos de los siglos.

Rafa Benítez no era torero ni cordobés, pero su eterna seriedad hubiese hecho morir a cualquier bragado, especialmente aquella gélida velada decembrina en la que su vida iba a cambiar por el sablazo que dio un mosquetero venido directamente de la Francia de los Luises a nuestra coqueta Liga con la dama de Neutrex del brazo. El tal espadachín, melena y perilla en ristre, se llamaba Francisco Joaquín Pérez, reconocido por su segundo apellido, Rufete. Con dos estocadas mató al periquito y dio así aire a un míster para el que ya tenían preparada la cuerda colgando de un naranjo. Esta oportuna mordedura del murciélago al pobre pájaro barcelonés fue la espita que llevó a los chés a ganar el trofeo doméstico y al entonces considerado pacato preparador a demostrar lo que ya dijo siendo entrevistado en El Larguero en los arranques del XXI,  que estaba “curado de espanto”. No sería la primera vez que hablaba con un presidente que le ratificaba mientras el nuevo entrenador aparcaba el coche en las oficinas del club.

Inventando las rotaciones y con una lámpara y un sofá, otra de las almas rotas por la Fábrica madridista se pulió un doblete de los buenos sojuzgando a un Barça de pegatina y pese a Raúl y Tristante Oliva. Este Benítez, aún magro y sin la chiva de Trotsky, le hizo un requiebro al perdulario murceguillo valencianista sacudiéndose los colmillos clavados por un tal Manuel Llorente, ¿les suena?, ante la pasividad de un añorado Ortí que sólo sabía decir “por descontado”. Montando un sainete con lágrimas de cocodrilo, el madrileño se propuso vengar a la Armada Invencible llevándose a las islas británicas a cada español viviente que se encontró, solo que no para ser camareta en la City o por espíritu aventurero. Y el invento no sólo le salió bien, sino que ganó un Champions miccionándose en la cara del supremo Maldini y consiguiendo una cruz pensionada de por vida para Dudek, dónde si no, en España.

De estos años en los que en tierras de Chelsea únicamente cataban el bacalao portugués surge ese odio insano por el mánager que poco a poco iba engordando mientras campaña tras campaña se comía a los blues en su barbacoa de Anfield. Obviar se debe lo que aconteció en San Siro, porque lo que pasa en Italia, en los Apeninos se queda, y el fracaso de Benítez tras el éxito de Mourinho en el siempre convulso Inter poco justifica lo sucedido en el coto de Su Graciosa Majestad Elizabeth.

Por eso, ahora que el spaniard ha cogido las riendas de ese conjunto que fue el laboratorio ideal del portugués, cabe preguntarse ¿a quién beneficia este fichaje? El fracaso del ufano Rafa llevaría al luso en alfombra hasta el Támesis, pero sería un doble golpe moral a Abramovich, que dejó a la novia de Setúbal por poco retozona y ahora se ha dado cuenta de que la quiere.  Para Benítez, aceptar este reto es una humillación en sí misma, pues, si no es por dinero, poco beneficio puede sacar, aunque gane el Mundialito. Se da la paradoja de que tanto presidente como grada quieren que a quien han contratado la pifie. Únicamente él quiere salvar los muebles. Por eso, el español tendrá que volver a sacudirse los colmillos que le persiguen y demostrar su valía echando mano de todo un John Deere como Torres, amén de los otros suspiros de España que copan el vestuario. Quizá, puestos a esquivar los latinajos, al míster patrio habría que preguntarle eso de Quo vadis? Lo que es indudable, es que aquí nadie podrá decir lo de “por descontado”.

14/11/2012

10 thoughts on “Quid prodest?

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