El inmortal legado de los Busby Babes

munich articuloSERGIO MENÉNDEZ | Tantas son las razones que confluyen a la hora de decantarnos por uno u otro escudo que resulta difícil determinar cuál de ellas ejerce un peso más específico en la decisión final. En lo que concierne al aficionado de a pie, ese trágico momento suele también coincidir, por si la incertidumbre que de por sí entraña la disyuntiva no bastara, con una fase vital donde el sentido crítico hacia el juego o la filosofía de club nos parecen tan ajenos como el uso de razón. Es entonces cuando el pasado familiar, la ligazón a la tierra o el pueril hecho de preferir el color rojo al azul cielo, ejercen la tutela en tan traumático proceso.

En función de cómo se desarrollen las circunstancias, puede ocurrir que el modesto equipo de provincias al que un día juramos fidelidad eterna, no nos reporte las sensaciones que en un principio esperábamos obtener de él. Porque, no nos engañemos: en el fútbol, al igual que en la vida, ya sea en el césped o desde las gradas, no existe mayor anhelo que la plena realización personal. Nuestros proyectos y aspiraciones nos obligan en ese punto a cortarnos las greñas y enterrar bajo la cama los vinilos de unos grupos que sólo nosotros conocemos, renunciando a unos principios sin cabida entre las groupies que conforman la hinchada del circuito comercial de Primera División, donde los “principales” no se acercan ni de lejos a cuarenta.

De vuelta a lo estrictamente balompédico, una de los mayores muestras de poder que pueden verse a día de hoy en lo que a masa social se refiere, la encontramos en el Reino Unido.  Concretamente, en la fabril ciudad de Manchester, en los aledaños del estadio Old Trafford, sitio de culto y lugar de peregrinaje para los más de seiscientos millones de aficionados de los que el Manchester United se precia. Al fin y al cabo, no estamos hablando sino del equipo que ostenta, con un total de doce, la mayoría de títulos disputados desde que hace ya veinte años la competición doméstica pasara a llamarse Premier League.

Semejante historial no habría sido seguramente posible de no ser por la vehemencia con que el septuagenario adicto al chicle, Sir Alexander Chapman Ferguson, ha ido tallando, como si de diamantes en bruto se tratasen, cada una de las distintas facetas que intervienen en el juego de sus futbolistas. Un excelente gestor de recursos humanos y mejor motivador, cuya grandeza es sólo comparable a la prominencia de su mandíbula y el espíritu ganador de un club que el 6 de febrero de 1958, cuando el también escocés Matt Busby ocupaba el puesto de entrenador, vivió en Múnich el episodio que marcaría para siempre el irreductible carácter de su hinchada.

15:04. Vuelo 609 de British European Airways. La expedición al completo del Manchester United regresaba a casa tras eliminar al Estrella Roja de Belgrado y pasar a semifinales de la Copa de Europa. Una vez hecho el repostaje y con el avión a punto de reemprender la marcha, en un tercer intento por despegar, el Airspeed Ambassador se estrellaba contra una vivienda situada en los alrededores del aeropuerto. De los veintitrés fallecidos en el fatal accidente, ocho eran futbolistas, incluyendo el prometedor centrocampista de 21 años Duncan Edwards, quien todavía tuvo fuerzas para preguntar desde la cama del hospital si el próximo partido frente Wolverhampton seguía previsto para la misma hora. Aún hoy parece mentira que días después muriera desangrado. Cuatro años, nueve meses y seis días después de su debut en la máxima categoría, “el James Dean del fútbol inglés” y corazón de los Busby Babes no volvería a pisar un terreno de juego.

Con la ayuda de su asistente y de la inagotable metáfora que encarna la figura del ave fénix, Matt Busby logró con el tiempo rehacer el equipo de las cenizas de Munich, apuntalándolo sobre los hombros de los supervivientes Harry Gregg, Bill Foulkes y el eterno emblema del club, Bobby Charlton. A ellos tres se sumaron más tarde los fichajes de David Herd, Albert Quixhall, Dennis Law y, por fin, en 1964, George Best. Sólo cuatro años después, el equipo se alzaba en Wembley con la primera Copa de Europa para un club inglés frente al Benfica.

Sirva como resumen de esta lección de vida, por encima incluso de la película estrenada ayer bajo el título de “United“, el más célebre de entre todos los versos que componen la discografía de The Smiths, banda de rock alternativo —qué ironía— natural de Manchester y liderada por el diablo rojo Morrissey. Y es que la memoria de los Busby Babes, al igual que la luz que da nombre a la pieza, podrá debilitarse con el tiempo, pero nunca se apagará del todo.

12/12/2012

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