Willian de Fabergé

JULIÁN CARPINTERO | En 1882 se celebró en la imperial Moscú una exposición de joyas y grabados de orfebrería. A ella acudió el zar Alejandro III acompañado de su esposa María, quien se quedó prendada de la belleza de las obras de un desconocido Peter Carl Fabergé. La zarina no pudo quitar los ojos de aquellos huevos que se convertirían en el regalo que, generación tras generación, la familia real rusa se hacía en cada Navidad. No obstante, para evitar que fueran robados durante la Revolución comunista el zar obligó a preservarlos en el Museo del Hermitage. Especialmente uno de ellos, tesitura en la que se encuentra hoy en día el dueño del Shakhtar con un carioca de pelo indomable.

Mucho han cambiado las cosas desde entonces en las vastas superficies por las que se esparcía el Imperio Ruso. Del absolutismo al neocapitalismo de los primeros años del Siglo XXI haciendo escala en los planes quinquenales soviéticos, las transiciones de las repúblicas que estaban al servicio de la familia Romanov, han caminado, con mayor o menor fortuna, por estas sendas de continuo cambio. Y, evidentemente, Ucrania no ha constituido una excepción.

Después de todos los escándalos políticos que han rodeado al país del cereal en la última década, en 2010 tomaba posesión como Primer Ministro Mykola Azarov, después de haber sido propuesto por el Presidente de la República, Viktor Yanukóvich, miembro del conservador y rusófilo Partido de las Regiones. De una forma tan ceremoniosa se ponía fin a cualquier tipo de vestigio que ligara a Ucrania con la extinta utopía soviética. Nuevos tiempos, nuevas miras.

Pero antes de que este giro fuera visible a los ojos de Europa un hombre había ido tejiendo en silencio una de las mayores fortunas de todo el mundo. El protagonista en cuestión era Rinat Ajmétov, un empresario con aires de filántropo dueño del holding minero más importante del este de Europa y al que Forbes calcula un patrimonio de 16 billones —sí, con b— de dólares. Sin embargo, picar carbón no saciaba sus ansias de gloria y decidió jugar al fútbol desde los despachos, por lo que se hizo (de forma bastante turbia y con alguna muerte de por medio) con el control del Shakhtar Donetsk.

Inversión tras inversión fueron llegando los nombres y los resultados. Con Mircea Lucescu en el banquillo el Shakhtar ha sido capaz no solo de destronar la tiranía local del despótico Dinamo de Kiev, sino que las rayas negras y naranjas del equipo minero ondearon por toda Europa al proclamarse campeón de la última edición de la Copa de la UEFA en 2009 y obligar al Barça de Guardiola a sudar en una prórroga si quería ser supercampeón del Viejo Continente.

Pero Ajmétov, que financia las campañas de Yanúkovich por su afinidad ideológica y natal, no se ha conformado con dotar a la hinchada del Shakhtar con uno de los estadios más bonitos y vanguardistas de Europa, sino que a su casa de muñecas le ha puesto todos los accesorios posibles en forma de plantilla. Europeo del centro del campo para atrás, sudamericano de la medular hacia delante, la escuadra de Donetsk ya se encuentra clasificada para los octavos de final de la Champions League a falta de una jornada, y habrá conseguido dejar en el camino a un gigante como Juventus o Chelsea.

Gran parte de la responsabilidad de este éxito recae en Willian. Este brasileño que apenas cuenta 24 veranos cambió el carnaval de Río por la gélida margen del río Kalnius con apenas 19 años. Su adaptación a un campeonato tan distinto fue lenta, pero Lucescu le introdujo poco a poco en el equipo hasta que se convirtió en determinante; paradójicamente, la vuelta de su compatriota y amigo Jádson al São Paulo le haría dar el salto necesario para convertirse en una estrella mediática. Magia, fantasía, imaginación, regate, gol. Con el número 10 a la espalda y un peinado afro que ya le presenta como diferente, Willian está siendo el héroe que personifica la épica en cualquier cuento de hadas.

Tiempo después, el zar mandó a Fabergé fabricar un huevo con cáscara de platino que, cuando se abría, tenía otro de oro dentro y lo trasladaron al Museo del Hermitage. Pero en la Segunda Guerra Mundial, la pinacoteca de San Petersburgo tuvo que ser evacuada para evitar el saqueo de obras de arte que los generales nazis pretendían llevar a cabo durante la campaña de Rusia. Muchos cuadros y esculturas cayeron en manos de los alemanes, pero el huevo del zar pudo llegar sano y salvo a los Urales. Ahora son las libras esterlinas y los euros los que tientan a Willian para hacer las maletas rumbo a Inglaterra, España o Alemania, y la cuestión es saber si Ajmétov claudicará con la espinela de su corona. Pero la historia puede volver a repetirse, y este zar del Siglo XXI preservaría a su mayor obra de arte en el museo de hierba del Donbass.

 27/11/2012

3 thoughts on “Willian de Fabergé

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