Adiós al sueño político de ‘Sheva’

ÁLVARO MÉNDEZ | Cuenta la leyenda que sólo el más grande sería capaz de desbancar al mítico Oleg Blojin como icono del gol ucraniano. Que sólo un auténtico zar de la estepa de Podolia conseguiría superar los 42 tantos con los que el 11 de la URSS enamoró al proletariado soviético. Que sólo un depredador letal lograría devolver a los paladares de una Ucrania independiente el dulce sabor de las redes del éxito.

Cuando Andriy Shevchenko colgó las botas tras la Eurocopa 2012, a más de uno se le humedecieron las ojos. Su adiós definitivo al fútbol profesional se certificó en el último partido de la fase de grupos en el Donbass Arena, ante 50.000 fieles que aguardaban espectantes vislumbrar cómo Sheva besaba por última vez la elástica zbrina. Ucrania se despedía irremediablemente del torneo, aunque para el delantero de Yahotyn lo suyo era un particular “hasta luego”.

Porque las multitudes y las ilusiones iban a seguir formando parte de su vida laboral. 18 años y 321 dianas después —48 de ellas con la casaca nacional—, el tercer máximo goleador en toda la historia de las competiciones europeas iba a cambiar el césped por los despachos, las botas por los mocasines y el brazalete de capitán por el nudo windsor. Todo ello, eso sí, con el mismo compromiso para con los ciudadanos. ¿Su nuevo desafío? “Dejo el fútbol para dedicarme a la política de mi país”, confesó en la web oficial del Dinamo de Kiev, el equipo de sus amores. Toda una declaración de intenciones no exenta de valentía debido a la particular forma en que se desarrolla la actividad parlamentaria ucraniana.

El ariete había coqueteado con la política durante toda su carrera. En los comicios presidenciales de 2004 apoyó públicamente al candidato conservador y actual Presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich. En Italia, su cercanía al omnipresente Silvio Berlusconi —propietario del Milan y entonces Presidente italiano— se manifestó en un hecho nada baladí: Il Cavaliere fue el padrino de su primogénito.

Visto el sesgo ideológico de las amistades de Shevchenko, todo hacía presagiar su adhesión a una formación ucraniana de derechas. Sin embargo, optó por Ucrania Adelante, un joven partido de corte progresista que surgió como una escisión amistosa de la Socialdemocracia Ucraniana de Yulia Timoshenko. Y es que el caso Timoshenko es hoy en día la primordial causa de división en Ucrania. La ex-primera ministra y adalid de la Revolución Naranja se encuentra actualmente en prisión a causa de unos polémicos negocios que llevó a cabo con diversas empresas de gas rusas. Sin embargo, distintas organizaciones en favor de los derechos humanos han señalado que Timoshenko ha sufrido palizas y vejaciones en prisión, y que su encarcelamiento responde únicamente a razones estrictamente políticas.

Ciertamente, la polarización que ha sufrido Ucrania en la última década es alarmante. Por un lado, los pro-rusos conservadores de Yanukovich. Por otro, los europeístas progresistas de la convicta Timoshenko. La apuesta de Shevchenko y su partido de cara a las elecciones parlamentarias del pasado mes de octubre era clara. Como si de un derbi milanés se tratase, el ariete se movería en el área contraria con el objetivo de anotar el gol más importante para la nación: la puesta en libertad de la mujer que había intentado renovar las formas de hacer política en el país.

Pero el resultado de dichas legislativas ha supuesto una de las mayores derrotas que el delantero ha tenido que afrontar en su vida. Su partido, Ucrania Adelante, apenas ha conseguido un 1,7% de los sufragios, una cifra insuficiente incluso para conseguir un solo asiento en la Rada Suprema. Por si fuera poco, los conservadores se han alzado con la mayoría y gozarán de una holgada superioridad a la hora de gobernar. Shevchenko deberá aguantar cinco años en el dique seco hasta las próximas elecciones parlamentarias, previstas para 2017. Quién sabe si, para entonces, los ucranianos estarán listos para otorgarle la posibilidad de seguir marcando goles desde el escaño.

15/11/2012

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