Cuando Cruyff hizo de Joan

SERGIO MENÉNDEZ | En medio del fuego cruzado que en una jornada de huelga como la de hoy protagonizarán Gobierno y sindicatos por imponer sus cifras de participación resultaría extraño, por no decir impensable, escuchar las declaraciones altisonantes de un jugador de fútbol quejándose de los recortes en Sanidad y Educación, lamentando la subida del precio del transporte o reclamando una mayor protección frente a los desahucios. Sólo contadas excepciones como la de Oleguer Presas, activo militante de izquierdas, o Bosingwa, por cuestiones de capilar evidencia, justificarían la presencia de futbolistas encabezando junto a Toxo, Méndez y los miembros de  “la Ceja” las diferentes manifestaciones que se celebrarán a lo largo del día.

Máxime si hablamos de clubes como Barcelona o Real Madrid, donde la nómina de empleados cuenta su salario por unidades de millón, son tratados en clínicas privadas, llevan a sus hijos a colegios bien, se trasladan a Sant Joan Despí en coches deportivos y sus chalets de La Finca no han conocido hipoteca.

Hubo un tiempo, sin embargo, en que estos prados no lucieron tan verdes. De hecho, la pérdida de contacto con la realidad que el narcótico de sus elevadas fichas provoca en la élite del fútbol es un fenómeno relativamente reciente. Porque, al igual que le sucede en la actualidad al resto de mortales, los futbolistas también se vieron obligados hace no mucho a constituirse en sindicato para reivindicar sus derechos. El germen de este proceso data de 1976, con la convocatoria de las primeras asambleas de futbolistas en España —que cristalizarían dos años más tarde con el nacimiento de la AFE— y coincide con el momento de mayor auge de la canción protesta en nuestro país.

En el fragor de esta lucha social cabe destacar el papel de un espigado volante —que así se llamaban antaño— nacido en el barrio de Linnaeusstraat, en las afueras de Amsterdam, cuya actuación sólo podría compararse a la cuajada por Raimon aquel eterno 5 de febrero durante el recital que el de Xátiva ofreció en el Pabellón Deportivo del Real Madrid sobre un escenario que removió la conciencia política de toda una generación de jóvenes y, paradójicamente, siempre le sería hostil en lo deportivo a Hendrik Johannes Cruyff.

De padre frutero y origen humilde, Johan Cruyff fue un futbolista que recaló en España haciendo gala de una personalidad arrolladora. ¿Cómo calificar si no al hombre que renunció a fichar por el Real Madrid por el mero hecho de que quien en 1973 fuera presidente del Ajax, Jaap Van Praag, no había solicitado el consentimiento del jugador a la hora de sentarse a negociar con el club blanco? Cualquiera en su lugar hubiese dado a ese gesto una importancia testimonial teniendo en cuenta que en frente estaba la posibilidad de recalar en el mejor club del momento. Cualquiera menos El Flaco, que apreciando en aquella omisión un atentado contra sus principios, optó por poner rumbo a Barcelona, la casa del eterno rival, y hacer buena la oferta de 100 millones de pesetas realizada por el presidente Montal. Nunca nadie había levantado semejante expectación a su llegada al antiguo aeropuerto de la ciudad condal como ese 24 de agosto desde que años atrás Eisenhower hiciese lo propio en Torrejón o Los Beatles descendieran la escalerilla del avión que los acababa de aterrizar en Barajas luciendo sendas monteras.

Penaltis indirectos, balones de oro y goles imposibles a un lado, dicen quienes conocen a Cruyff que lo suyo siempre fue la defensa de las causas nobles. De ahí que tal día como hoy queramos recordar la faceta más reivindicativa de un carismático líder que dejó para la historia pruebas fehacientes de que el espíritu de La Transición alguna vez estuvo presente en el fútbol. Basta con echar la vista atrás para ver a nuestro Holandés Volador cara a cara con los grises, negándose a abandonar el terreno de juego después de que Ricardo Melero Guaza, juez de la contienda, lo expulsara por espetarle un sonoro “hijo de puta” al conceder un gol del Boquerón Esteban para el Málaga con la mano. La imagen, a diferencia de las verdaderas declaraciones de Cruyff no ofrece lugar a la duda. Suena a canción protesta, a Joan Baez. Y no nos moverán.

14/11/2012

Foto: WordPress

12 thoughts on “Cuando Cruyff hizo de Joan

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