Cartas hasta Iwo Jima

JULIÁN CARPINTERO | Todo aquel que en su día fuera al cine decidido a comprobar si lo que le habían contado sobre la segunda película de Sofia Coppola cumplía sus expectativas pudo ver lo bella que era esa rubia con aura de color rojo y cómo Bill Murray, haciendo honor al título de la misma, se perdía entre las incontables costumbres del país del sol naciente. En Alemania sienten especial devoción por una de ellas, la filosofía Kaizen, desde que el pasado verano decidieran incrementar la exportación de jóvenes nipones y ver en qué medida contribuyen al aumento de la productividad de sus empresas. Los chicos en cuestión son futbolistas y las multinacionales no son otras que equipos de la Bundesliga en lo que ya se conoce como el desembarco de la Japanese Army.

A priori se podría pensar que los únicos nexos existentes entre Alemania y Japón fueron los totalitarismos que les llevaron a formar las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. No obstante, acordarse de Goebbels y de Hirohito para unir lazos entre los dos países es solo la muletilla recurrente, pues el germano y el nipón son dos pueblos que, a pesar de los miles de kilómetros que les separan geográficamente, comparten aspectos idiosincrásicos y caracteres similares: disciplina, rigor, ascetismo, orgullo y seriedad. Solo a través de dichos valores se explican los milagros económicos experimentados por ambas naciones después de las conferencias de Yalta y Postdam.

Los neófitos en la lengua de Goethe tendrían dificultades a la hora de ubicar el término Wirtschaftswunder, con el que se hace referencia al proceso de reactivación puesto en marcha por el ministro de finanzas Ludwig Erhard y que convirtió a Alemania en la locomotora de Europa apenas una década después de que Hitler y Eva Braun celebraran su particular desayuno con cianuro. En la misma línea, ni Paul Krugman encontraría una explicación lógica sobre cómo Japón se rehízo, en cuestión de 15 años, de los ataques nucleares que devastaron el país en agosto de 1945. Su recuperación quedaría totalmente plasmada en la organización de los Juegos Olímpicos celebrados en Tokio en 1964. “Citius altius fortius”, el lema del barón de Coubertin nunca había tenido tanto sentido…

Alentados por ese espíritu de superación, el sol volvió a salir en Japón y, como girasoles, empezaron a brotar emprendedores de muy diversos ámbitos. Desde Akio Morita, fundador del imperio tecnológico Sony, hasta Yashusiko Okudera, el primer futbolista japonés que llegó a Alemania para jugar en la Bundesliga. Fue en 1976 cuando el Colonia le echó el ojo a este centrocampista que acababa de proclamarse campeón de la Liga nipona y que permaneció tres temporadas en el equipo del Müngersdorf —aunque más tarde probaría suerte en el Hertha de Berlín y el Werder Bremen—. Sin embargo, en Renania del Norte y a las órdenes de Hennes Weisweiler consiguió ganar una Copa, ser finalista de otra y llegar a las semifinales de la vetusta Copa de Europa. Y lo que es más importante: abrió el camino a las generaciones futuras y demostró a sus compatriotas que el fútbol no conoce ni de fronteras ni de imposibles.

Pero alemanes y japoneses, que siempre caminan con pies de plomo, creyeron que, aunque la experiencia había sido más que satisfactoria, una golondrina no hace verano. Así, tendrían que pasar más de 30 años desde la llegada de Okudera a una Alemania que todavía no estaba unificada para que la bandera blanca del punto rojo pudiera volver a ondear por los campos de la Bundesliga. El honor, doble, recayó en Makoto Hasebe, quien en 2009 se convirtió en campeón de la competición alemana con el Wolfsburgo, equipo en el que todavía milita a día de hoy.

Así, y en una especie de déjà vu, otra vez los Juegos Olímpicos volvieron a ser determinantes para que algunos valientes nipones cruzaran medio mundo y cumplir su sueño. El gran papel de la Selección de Japón en Londres —donde obtuvieron un diploma al ser cuartos— llamó la atención de los siempre atentos ojeadores germanos. Ahora, Sakai y Okazaki son titulares en el Stuttgart; Kiyotake y Usami dan el último pase en Nuremberg y Hoffenheim; Inui es la estrella del sorprendente Eintrach de Frankfurt; y Uchida juega la Champions con los mineros del Schalke. Y así hasta un total de nueve nipones en la Primera división alemana, huérfana de la superestrella Kagawa, quien hace unos meses cambió Dortmund por Manchester.

La máxima de la filosofía Kaizen es “hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy”, una mentalidad que para nada desentona con la personalidad del pueblo alemán y que facilita el acoplamiento de los unos a los otros. El gigante Bayern ya tuvo en su plantilla unos ojos rasgados; quién sabe si algún día el elegante Joachim Löw acaba sustituyendo el chucrut por el sushi y el Wolkswagen por un Toyota. Como diría la marca alemana Adidas, que viste a la selección japonesa, impossible is nothing.

13/11/2012

5 thoughts on “Cartas hasta Iwo Jima

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  5. ¡Hola! Soy lector japonés del falso 9 que vive en Madrid.

    Antes que nada, le felicito al autor Julián Carpintero por este trabajo tanto histórico como cultural-filosófico en el que se notan muchos esfuerzos por conseguir la información no solo sobre los dos países sino también sobre los jugadores que han llegado del otro lado del mundo.

    Cierto es que los dos pueblos comparten muchas cosas como apunta bien el autor y que el tener una mentalidad similar les facilita muchísimo a los futbolistas japoneses a la hora de integrarse en equipos alemanes y jugar constantemente en la liga alemana.

    Estoy contento con que algunos jóvenes jugadores de mi país hayan tenido éxito en cierto grado en Alemania. Pero ahora me pregunto ¿Cuántos años, cuántos siglos se necesitará para que los futbolistas del sol naciente triunfen España. Que yo recuerde, hemos exportado al menos 5 jugadores (Nakamura, etc), pero ninguno triunfó en la liga, tal vez por sus caracteres no muy abiertos o por no poder dominar el idioma.

    Pero, pienso que Takefusa Kubo de 11 años que juega en la cantera del Barca podría crear una nueva historia a pesar de las diferencias de la cultura, la mentalidad, convirtiéndose en un jugador japonés hecho en España.

    Takefusa Kubo

    Gracias al autor por este artículo muy interesante.

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