La importancia de mirarse en el espejo

Tito Vilanova, Juan Luis Cebrián y José Mourinho.

Tito Vilanova, Juan Luis Cebrián y José Mourinho.

DAVID LÓPEZ PALOMO | La mirada fija, la barba a medio afeitar, la cicatriz de cuando eras pequeño, el pelo menguando entre canas… y tus ojos, siempre tus ojos. Siempre ellos, observando desde el otro lado, recorriendo las heridas del tiempo, las imperfecciones de nacimiento, las sonrisas olvidadas; en definitiva, lo que somos, lo que fuimos y lo que seremos. Tres tiempos parejos que conforman el rostro que percibimos cada mañana al otro lado del espejo. La imagen de nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro; independientemente de nuestra condición social, económica y moral.

Quizá sean palabras vacuas puestas sobre la imperfección de una tarde de fútbol, o quizá sean el precedente del adiós de 129 profesionales del periodismo. O quién sabe, quizá sean las dos cosas. No importa, la confluencia de ambos fenómenos se da al mismo tiempo en Tito, Juan Luis Cebrián y Mourinho. Tres personajes que simultáneamente son capaces de mirarse a la cara en una esquizofrenia que versa entre lo que piensan de sí mismos y lo que piensan de ellos en el exterior; entre lo que ven y lo que creen ver.

No es fácil, en cualquier caso, si eres Tito y cada mañana te encuentras el semblante de Guardiola frente a ti. No es fácil si al que ves al otro lado del espejo es un tipo sin pelo, vestido de Armani y rodeado de Copas que no te reconocen como aquel segundo entrenador que eras. Como aquel que ahora frunce el ceño para recuperar el cabello, hacer acopio de ideales manufacturados en La Masía y puestos en duda tras la derrota en Champions ante el Celtic. Da igual, porque Vilanova ya tiene perpetrada la metamorfosis que rige la filosofía blaugrana y sus jugadores también. “No tenemos plan B, hay que perfeccionar el A”, dijo Alves tras el varapalo del miércoles. Se ejecutó igual en Mallorca, se consiguió la victoria (2-4) y, fiel a sus convicciones, sus ojos parecen encontrarse cada mañana a pesar de las criticas del exterior.

En una sintonía parecida se encuentra Mourinho, que a pesar de tener una personalidad contrastada, tiene recaídas blaugranas cuando se le recuerda su pasado en la Ciudad Condal. No quiere y no desea rememorar aquel balcón al que subió para declararse a su Julieta; a la niña bonita a la que poco tiempo después juró odio eterno de por vida. Sin embargo, su imagen al otro lado del espejo no sufre distorsión alguna. Olvidada su juventud, perpetua su personalidad obviando a un Morata, que a pesar de su suplencia y sus pocas oportunidades, le salvó el pellejo ante el Levante (1-2). No quiso atribuirle el mérito al chaval, se lo atribuyó él. Da igual, su rostro, cambiante en ocasiones, no requiere de imperfecciones en el día a día y seguirá fiel a sus convicciones de ególatra y anticantera.

Pero si estos dos coinciden en sus formas, el que encontrará una distorsión en su rostro o, al menos intentará no mirarse fijamente, será Juan Luis Cebrián. Su imagen ha quedado dañada mediante opiniones como la de Enric González en Jotdown: “Prefiero pensar que está enfermo y que la cura a su enfermedad no puede pagarse con dinero. No debe ser, como pensé hace unos años, un simple caso de ludopatía bursátil. Si fuera así, habría recuperado ya la lucidez. Dudo que lo suyo tenga remedio. Es una lástima”.

Tras esa reflexión del ex trabajador de El País, 129 personas se han despedido —forzosamente— del medio sin que el Presidente de Prisa las mirara siquiera a los ojos, anunciándoles su cese por correo electrónico y sin tocar su sueldo, que en 2011 rondó los 13 millones de euros según Voz Pópuli. Y aunque no sabemos qué imagen tendrá de sí mismo ni qué verá al otro lado del espejo, dice mucho de él que esté ejecutando un ERE con las condiciones de la reforma laboral que criticó desde su cabecera, que haya creado su propio Máster por valor de 12.000 euros la matrícula o que el periódico de izquierdas por excelencia no tenga ningún convenio con la Universidad pública de periodismo más importante del país: la Complutense.

En definitiva, estos son los rostros de tres personajes públicos que a la hora de levantarse se miran al espejo como cada uno de ustedes, que tienen legañas y, de vez en cuando, como cada hijo de vecino, tienen que frotarse los ojos —unos más que otros— para intentar reconocerse. Para, al final, con nuestras convicciones firmes o sin ellas, llegar a la conclusión de que “fuimos, somos y seremos nada” delante del espejo. Independientemente de quiénes seamos, independientemente de dónde estemos.

12/11/12

3 thoughts on “La importancia de mirarse en el espejo

  1. “He sido yo”, repite y repite Mou. Hay un refrán español que dice “Mira de lo que presumes y te diré de lo que adoleces”. ¡Viva la cantera!

  2. Dicen las malas lenguas que Juan Luis Cebrián fue un gran oportunista que en el último momento, a punto de fallecer el dictador, cambió su panegírico, por un nuevo look democrático, que le hizo convertirse en uno de los prohombres de la Transición. Quizá use un espejo que distorsiona un poco la imagen.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s