El infierno no respeta la historia

DAVID LÓPEZ PALOMO | No hace mucho tiempo que Carlitos llegó al mundo y ya sabe lo que es ponerse la camiseta del Oviedo. Su padre, Juan, no tardó en vestirle de azulón ni en enseñarle a leer repitiendo una y otra vez los nombres de Onopko, Lángara, Bango, Pompei, Dubovski, Oli, Paulo Bento o Dely Valdés; algunos de los jugadores históricos del club. Sin embargo, el nombre que mejor se le quedó fue el del Carlos Tartiere, ese sitio donde gustaba de marcar goles pateando latas de Coca Cola mientras un tipo gordo con bigote golpeaba un bombo que, según decían, pertenecía al que fuera primer socio de la entidad, Justo Álvarez.

Con el tiempo, Carlitos cambió los botes de refrescos por balones de Nike y las zapatillas de deporte por las botas de tacos. Tocaba hacerse futbolista, marcar goles y subir al equipo a la máxima categoría. Su abuelo le había dicho que un día el Oviedo estuvo en Primera, y que si trabajaba duro, llegaría al primer equipo y podría jugar con los Ronaldinho, Guti, Raúl y cía.

A partir de entonces, cada sábado tocaba jugar al fútbol, y cada domingo, ver el partido de los grandes junto a su padre, su abuelo y un tipo muy pesado que llamaba al árbitro “hijo de puta” siempre que el rival llegaba a las inmediaciones del área. Sin distinción, sin clase, llenaban el Carlos Tartiere y rememoraban aquella época en que el club paseaba por las alfombras de la Primera División. Que si Irureta, que si Antic…

Pero el tiempo pocas veces respeta lo acontecido en el pasado. El reloj no entiende de recuerdos y procura olvidar rápidamente para seguir moviendo su engranaje. Y como las manivelas, Carlitos, catapultado por el tiempo, no entiende cómo aquel estadio, lleno a rebosar, no puede cambiar los designios de lo que está por venir. Año a año, temporada a temporada, contempla con aquellos ojos de niño cómo el Oviedo ya no es el que los más viejos transmiten con su mirada.

Y así, un día cualquiera, su abuelo ya no está, la camiseta de Onopko que le puso su padre le queda pequeña, el niño que parecía apuntar al primer equipo se queda a medio camino, y el club que siempre creyó que volvería a Primera está cerca de desaparecer. Sólo quedan recuerdos, cintas donde las radios cuentan que un día el Oviedo jugó la UEFA, que un día fue la envidia de Asturias, que un día el Sporting de Gijón estuvo a su misma altura; en definitiva, que un día el fútbol y el sentimiento de una ciudad estuvieron por encima de las acciones y el negocio.

5/11/12

3 thoughts on “El infierno no respeta la historia

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