El león de Daguestán

ÁLVARO MÉNDEZ | Hace semanas me vi obligado, como muchos en Madrid, a dejar el coche en uno de esos aparcamientos de impuesto revolucionario. En uno de esos solares en los que la mafia extorsiona sin piedad a indefensos inmigrantes que se ven obligados a estacionar vehículos a cambio de un dinero del que apenas reciben un insulso porcentaje. Por curiosidad, pregunté a uno de ellos: “¿De dónde eres?”. “De Camerún”, me contestó orgulloso, mostrándome su muñequera verde, roja y amarilla. Lo primero que se me ocurrió fue un comentario de lo más un inocente: “Anda, pues como Eto’o”. Sin embargo, recibí una respuesta cuando menos desconcertante: “No, hermano. Fue mi héroe, pero Eto’o ya no es camerunés. Ya no vive como un camerunés”.

Mirando las cifras, el argumento de nuestro aparcacoches centroafricano cobra cierto sentido. En 2011, Samuel Eto’o dejó el Inter para recalar en el exótico Anzhi de Makhachkala —equipo de la capital de la pequeña república rusa de Daguestán—a cambio de 30 millones de euros. Sin embargo, lo estratosférico de su fichaje no fue el precio de su traspaso sino el sueldo que el camerunés recibiría: nada más y nada menos que 20 millones de euros por temporada. El león indomable se convirtió así en el jugador mejor pagado del mundo y, cómo no, cambió el esplendor de la Piazza del Duomo milanesa por los campos petrolíferos de la inhóspita región daguestaní.

Evidentemente, se necesitó mucho dinero para que una superestrella de la talla de Eto’o se dejara seducir por los cantos de sirena que provenían de un club prácticamente desconocido de una ciudad que muy pocos acertarían a situar en un mapa. El culpable de todo ello fue el actual propietario del Anzhi, Suleiman Kerimov, un oligarca ruso que se hizo de oro con las masivas privatizaciones yeltsinianas de la década de los 90 gracias a sus negocios en la industria minera. Sin embargo, cabe mencionar que el primer astro del fútbol europeo en adentrarse en estas tierras no fue precisamente Eto’o, sino el también ex-madridista Roberto Carlos. Cuando el lateral brasileño y el ariete de Duala arribaron a la inpronunciable Makhachkala en 2011 todos nos planteamos las mismas preguntas. ¿De dónde ha salido esa ciudad? ¿Qué es eso de Daguestán?

Durante los años 90 y 2000, las imágenes de una cruenta batalla se colaron en los telediarios de toda Europa. Tras el derrumbe de la URSS, la pequeña república rusa de Chechenia —vecina de Daguestán— planteó su independencia al Kremlin. La respuesta del ejército ruso fue rotunda y el conflicto se enquistó durante dos décadas. El islamismo radical y las milicias terroristas se sumaron a la guerra en favor de la resistencia chechena, provocando una mayor contundencia por parte de Moscú. Cerca de 200.000 personas perdieron la vida en una sangrienta contienda que ocasionó un drama humanitario en la región del Cáucaso Norte. Daguestán asumió decenas de miles de refugiados hasta 2009, algo de lo que todavía no se ha repuesto.

A día de hoy, Chechenia está prácticamente reconstruida, pero la inestabilidad se ha contagiado a la adyacente Daguestán. Con una tasa de desempleo que ronda el 50% y una conflictividad en aumento, la población más joven, de mayoría musulmana, se siente empujada a unirse a la guerrilla terrorista islámica que permanece atrincherada en las montañas del Cáucaso y que reclama la independencia de estas pequeñas repúblicas.

Por ello, Makhachkala, a orillas del Mar Caspio, dista mucho de ser una población segura. La ciudad se ve, a menudo, sacudida por explosiones de coches-bomba y tiroteos entre las fuerzas de seguridad rusas y los comandos terroristas islamistas. En consecuencia, los jugadores del Anzhi viven en Moscú, y sólo vuelan a la capital de Daguestán para los encuentros ligueros en los que la escuadra dirigida por el mítico Guus Hiddink juega en casa. Por si fuera poco, el Anzhi tiene prohibido jugar sus partidos de Europa League en su estadio, el Dínamo de Makhachkala, debido a los continuos ataques terroristas que sufre la ciudad.

Sin lugar a dudas, Eto’o es la punta de lanza de un proyecto multimillonario que pretende convertir al Anzhi en un equipo relevante a nivel continental, en algo así como un Zenit a la daguestana. Viejos conocidos de las ligas europeas como Lass o Zhirkov también trabajan para ese mismo fin. Está claro que el dinero construye equipos de ensueño, pero no puede garantizar la seguridad en una región conflictiva per se que genera más historia de la que es capaz de digerir. Y hasta que los jugadores del Anzhi no puedan gozar de la estabilidad necesaria para vivir y entrenar en Makhachkala, será difícil que la escuadra capitaneada por El león de Daguestán se haga un nombre en Europa.

1/11/2012

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22 thoughts on “El león de Daguestán

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