La cargada de Algie

SERGIO MENÉNDEZ | Si de algo sirven los clichés es para enseñarnos que, al igual que le ocurre al español sobre el tablao flamenco, al brasileño en el sambódromo, al alemán en su oficina o al italiano que participa de una bacanal, existen pocos lugares donde un argentino se pueda sentir más a gusto que en una cancha de fútbol. A lo sumo, tan sólo hay dos sitios capaces de competir con la cal y la hierba cuando hablamos de esa sensación de pertenencia que a todo bonaerense o rosarino de pro le invade al llegar a casa.  El certamen publicitario de turno o cualquier consulta presidida por un diván y una placa a la entrada con su nombre. Porque, en lo que a la pelota, psicología o creatividad se refiere, los argentinos cuentan con una genética privilegiada.

Unida a su talento innato para la experimentación, reforzado a su vez por otro rasgo típicamente suyo como es la picardía, la mezcla resultante de combinar una disciplina con las demás genera un efecto devastador.  Sobre todo, en lo referido a la puesta en escena que rodea a ese “partido del siglo” que cada año se celebra varias veces en todos los países del planeta fútbol y que en la capital argentina viene a llamarse River – Boca.

De todos cuantos se disputan en el hemisferio sur, El Súper representa  el encuentro a cara de perro por antonomasia. Es como el tango. Da igual lo buen bailarín que seas o cuan depurada sea tu técnica. Requiere fuerza, músculo, tensión y, por encima de todo, cabeza. De lo contrario, a no ser que las circunstancias del partido lo hagan, será la presión de la hinchada quien te deje en fuera de juego por sí sola. Más todavía con ocasión de ver a millonarios y xeneizes cara a cara por primera vez tras la travesía de los primeros por el desierto de la B Nacional.

En esa lucha de intangibles que enfrenta al público parecía que, aun jugando fuera de La Bombonera, la barra visitante anotaría en primer lugar. Fantasmas luciendo gigantescas “B” sobre sus sábanas, ataúdes pintados con los colores de La Banda, coronas de flores y globos negros… Todo attrezzo era poco para hacer escarnio del infortunio rival. Tanto fue así que la Policía se vio obligada requisar buena parte del arsenal satírico de Boca, en un intento por restarle tensión a un encuentro que terminaría echando chispas.

Los millonarios, por su parte, recibieron a la número 12 con un as que guardaron bajo la manga a la espera de que el encuentro les otorgara la ocasión idónea para dar con él un golpe sobre el tapete y apuntarse una pequeña victoria moral sobre el oponente. Un triunfo que habría de labrarse al más puro estilo argentino, aunando una pequeña dosis de todos y cada uno de los elementos de esa Santísima Trinidad albiceleste que componen fútbol, psicología y creatividad.

Puesto que fútbol había ya suficiente con el desplegado por los dos equipos durante la primera parte y el entretiempo le confería a la contienda la oportunidad de administrarle ese punto de psicología requerido, la creatividad corrió a cargo de Pink Floyd. No con su música, precisamente, sino a través de un icono que forma parte de la simbología del rock británico del mismo modo que el paso de peatones de Abbey Road o la escaparela de la Royal Air Force lo hacen. Se trata de Algie, el cerdo hinchable diseñado por Roger Waters, bajista y líder conceptual de la banda, para ilustrar la portada de su décimo álbum de estudio, Animals, donde su espíritu contestatario y poco amable con el poder, encarnado esta vez por una versión del chancho ataviada con los colores azul y amarillo, inundó el derbi disputado el pasado domingo desde que la porcina efigie asomara el morro entre las gradas de El Monumental.

Conscientes del ridículo sufrido y sin apenas capacidad de reacción, a los xeneizes no les quedó otro remedio que contemplar en silencio la ascensión a las alturas de Algie, a la espera de que su silueta se perdiera para siempre de vuelta a Battersea o rumbo Hullabalooza, mientras la parroquia millonaria cometía un nuevo atentado contra su imaginería, ahora de viva voz, al bautizar a su nueva ídolo (con permiso del Tano Pasman) al grito de “Riquelme, Riquelme”. Ironías de la vida y del fútbol, palabras que en argentino suenan a redundancia.

31/10/2012

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3 thoughts on “La cargada de Algie

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