Freemason’s, año 0

SERGIO MENÉNDEZ | El día que Rafael Benítez escogió mudarse a la ribera del río Mersey, algo cambió para siempre en los aficionados al fútbol de nuestro país. Quien más o quien menos, empezó a sentir cierta curiosidad por saber qué le deparaba el destino a él y su cuadrilla, formada por Pepe Reina, Xabi Alonso, Luis García, Antonio Núñez, Josemi y un rezagado Fernando Morientes. Puede que fuese el morbo de ver cuánto duraría hasta que se consumara el fracaso de su aventura inglesa, o producto quizás de esa absurda y repentina simpatía que nos despiertan los compatriotas toda vez que cruzan la frontera, pero lo cierto es que, si no en el corazón, todos tenemos un hueco para el Spanish Liverpool en nuestro subconsciente.

La Premier League vive hoy su época de mayor efervescencia en España desde que el verano de 2004 Benítez se convirtiese en manager del club red. Un hito que supuso una progresiva transformación en los hábitos de consumo balompédicos entre la población autóctona y que la creciente fuga de cerebros rumbo a las Islas de los últimos años no ha haya hecho otra cosa que perpetuarse. Sólo así se explica que el número de personas que se declaran supporters de uno u otro equipo con sede en Reino Unido sea cada vez mayor. Y es aquí donde Londres, la urbe que concentra un mayor número de equipos de entre todas las que gozan de representación dentro de la Premier League, con seis equipos de veinte posibles, queda proclamada capital nacional del fútbol. Nada más lejos de la casualidad, por otra parte.

Situado en la vertiente izquierda del Támesis, a dos minutos de la estación de metro de Covent Garden, en plena City londinense, se encuentra un lugar que forma parte del patrimonio del deporte, ya no sólo británico, sino también mundial. Un local que es al fútbol  lo que el 430 de Kings Road para los Sex Pistols o los estudios Olympic para los Rolling Stones. Porque fue allí, en el número 81 de Long Acre, donde un 26 de octubre de 1863 varios representantes de las principales escuelas del país se citaron para unificar criterios en torno a un juego que todas y ninguna parecían haber inventado.

Conscientes de que no hay acuerdo que pueda darse por cerrado sin brindis mediante, los emisarios decidieron celebrar el cónclave en la Freemason’s Tavern (hoy Freemason’s Arms) de Londres. El encuentro, nacido con vocación conciliadora, no tardó en dibujar a dos grandes grupos enfrentados por lo que uno y otro entendían como impepinable. A un lado, la línea dura, comandada por la delegación de Rugby, partidaria del empleo de las manos y las patadas por debajo de la rodilla contraria durante la pugna por el balón; del otro, Cambridge y las restantes escuelas, algo más técnicas, favorables al sólo uso de los pies y la cabeza, y contrarias al empleo de la fuerza bruta en cualquiera de las fases del juego.

Tan insalvable era la discrepancia entre ambos bandos que ni toda la cerveza de la ciudad fue capaz de relajar posturas, dando lugar a un cisma que motivó el abandono de la reunión por parte del clan de los Rugby y constituye a la vez el origen de un deporte que esta semana completa una página más de su historia. Un deporte que sus más viejos detractores siguen considerando “un juego de caballeros practicado por villanos”. A todos ellos, que llevan casi 150 años de fechorías, muchas felicidades. Cheers!

24/10/2012

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4 thoughts on “Freemason’s, año 0

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