De héroes y villanos

SERGIO MENÉNDEZ | Berlín. 9 de julio de 2006. Zizou, que así se le conocía entre bambalinas, afronta su despedida de las tablas en la final del Mundial contra Italia ante el mejor de los auditorios posibles para consagrar su leyenda. Toda una vida dedicada al espectáculo tocaría a su fin al término de una función que el gran Zizou había soñado cada noche desde su época de figurante. Si en verdad la suerte estaba de parte de los valientes, sólo cabía esperar una ovación cerrada al otro lado.

Pronto el partido iba a brindar la oportunidad de dejar bien patente quién era el gallo de aquella corrala. Penalti. Once metros separaban a Francia del primer paso hacia la gloria. Una distancia que el propio Zizou se encargó de salvar deslizando el empeine de su bota derecha por debajo del cuero, describiendo una exquisita parábola que dio con el esférico más allá de la línea de gol, sin siquiera tocar las mallas. El gesto, inaudito hasta el momento dentro de su amplia gama de registros, quedaría para la historia. Zizou se erigía en héroe nacional.

Era como si el mismísimo Molière estuviese escribiendo a vuela pluma el guión de la partida. Como si el devenir del encuentro obedeciera únicamente a los caprichos de un genio interpretando el personaje que lo encumbraría para siempre. Puro talento al servicio de la emoción. Una avidez preclara, capaz de desatar el clímax tan sólo siete minutos después de alzarse el telón. Una maniobra que no deja de tener cierto componente de temeridad. Apenas había comenzado el primer acto y parecía como si Zizou hubiese pretendido dejar la escena completamente resuelta. Puede que no supiera que, como en el Don Juan, quedaban casi cinco actos por delante. Y el villano, por su parte, aún no había hecho acto de presencia.

De lo sucedido después, propios y extraños guardamos un recuerdo imborrable. Fija o en movimiento, la imagen ha pasado a formar parte de la iconografía de ese fenómeno universal llamado fútbol. Quien se acerque al centro Pompidou de París hasta el próximo enero puede comprobarlo en persona. Allí, frente a la entrada principal del museo, cinco metros de bronce tallado se elevan ante los ojos de los turistas, recreando en forma de estatua un instante que quedaría a la postre grabado en nuestras retinas como el  momento del partido. Bajo un título más gráfico que elocuente, el autor de Coup de tête (cabezazo), el argelino Adel Abdessemed, se defiende de las críticas de un país famoso por su chovinismo confundiendo los roles entre los protagonistas de su obra. Un monumento a la rabia que bien podría haber tomado su nombre de otra célebre escultura y llamarse El ángel caído.

Puestos a opinar, uno prefiere maldecir al azar por no querer que Zizou se despidiera de su público entre reverencias en lugar de con un mutis por el foro.

Foto: Globovision.com

10/10/2012

11 thoughts on “De héroes y villanos

  1. Pingback: Sobre la dorada redención de un angel caído | Falso 9

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