El ‘Tata’ tiene Lepra

JULIÁN CARPINTERO | Han pasado ya 22 años desde que un joven Marcelo Bielsa, subido a los hombros de un hincha, casi en trance, agitara, mirando a la grada de un estadio que tiempo después llevaría su nombre, una camiseta roja y negra al tan famoso grito de “¡Newell’s, carajo!”. Todo y nada ha cambiado desde entonces entre Rosario y los protagonistas de esa memorable escena. Newell’s Old Boys ha visto cómo a su vitrina de trofeos apenas le visitaba algún nuevo inquilino y el Loco se ha convertido en un personaje odiado y amado a partes iguales. Hasta esta temporada, en la que, bajo la batuta de un alumno del bielsismo, la Lepra parece dispuesta a reverdecer viejos laureles.

No hay nada como buscar en el interior para hallar lo mejor de uno mismo. O eso fue lo que debió pensar la directiva de Newell’s cuando, en diciembre del año pasado, decidió remplazar a Diego Cagna como entrenador del equipo para confiar en Gerardo Martino. El Tata, elegido por los aficionados leprosos como el mejor jugador de la historia del club de Rosario, había estado presente en las últimas grandes gestas rojinegras, aquellos campeonatos argentinos de principios de los 90 y la final de la Libertadores perdida en los penaltis ante el São Paulo.

El Tata volvía a casa. Aquélla en la que disputó más de 500 batallas desde el césped. Y es que su contratación no sólo obedecía a factores sentimentales, sino que estaba avalada por una más que prolífica trayectoria en los banquillos de Paraguay, a cuya selección nacional llevó a los cuartos del Mundial de 2010 y a la final de la Copa de América un año más tarde.

Admirador confeso del trabajo que en su día hizo el ex atlético Jorge Griffa con las categorías inferiores de Ñuls –como pronuncian y escriben los propios rosarinos–, Martino ha sabido dogmatizar la doctrina que Bielsa inculcó en él cuando era jugador y reinventarse en una especie de calvinista de esta creencia pagana. Sin llegar a traspasar la línea que separa la dedicación metódica de la obsesión, es innegable que en Martino se observan muchas características de su mentor. Sus equipos son aguerridos, compactos y luchadores, y consigue transmitir ese valor intangible que es la identificación de la grada con los jugadores y viceversa, tan idiosincrásica de la ciudad de Rosario. Pese a todo, la pasión no está reñida con la disciplina como tampoco lo están la garra y la calidad, por lo que, probablemente como poso de ese mediapunta fino que en su día fue, a Martino ni se le pasa por la cabeza renunciar al fútbol de salón como canal para conseguir títulos.

Coincidiendo con la remodelación del fútbol argentino, donde la AFA ha decidido acometer una europeización parcial del campeonato sustituyendo los míticos Apertura y Clausura por dos torneos de 19 jornadas bajo los nombres de Inicial y Final –aunque manteniendo los incomprensibles promedios para el descenso–, Newell’s ha vuelto a encender el corazón de su apasionada barra con un inicio, cuando menos, esperanzador, en el que, mano a mano, está luchando por comandar la clasificación con otro clásico como Racing de Avellaneda.

Para tan complicada empresa, Ñuls cuenta con un plantel que sabe lo que es la Lepra y lo que representa el hombre que se sienta en el banquillo. Jugadores como Heinze y Maxi Rodríguez crecieron yendo al antiguo Coloso del Parque para ver a los Batistuta, Gallego, Sensini o Pochettino, y ahora reciben el aliento de una hinchada que se deja la voz en una tribuna que lleva el nombre de su míster. Del mismo modo que el Gringo y la Fiera, otro hijo pródigo repatriado para la causa, Nacho Scocco, está siendo el jugador que está marcando las diferencias.

En una rueda de prensa durante su etapa como seleccionador de Chile, después de una victoria ante Ecuador, a Bielsa le preguntaron si alguna vez le verían tan eufórico como en la famosa escena del “¡Newell’s, carajo!”. El Loco, en lugar de agachar la cabeza hacia el pie del micrófono, como suele ser costumbre en él, miró a los ojos del periodista en cuestión y contestó: “Tengo la antipática necesidad de ser sincero. Difícilmente quiera a una camiseta más que a la de Newell’s”. Algo especial tendrá la Lepra para despertar sentimientos tan humanos en ese témpano de hielo del que se disfraza el bueno de Marcelo.

Paradojas de la vida, el hombre en el que el Tata ha basado toda su pizarra como entrenador está pasando por un momento poco más que delicado en un Athletic al que a punto estuvo de hacer campeón hace unos meses. Pero a buen seguro que si Ñuls acaba saliendo campeón lloverá menos en Bilbao.

Foto: Newellsoldboys.com.ar

9/10/2012

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