Último tango en Chamartín

MARIO BECEDAS | Desde que al eterno Ulises le ataron con la correa al palo del barco, muchas han sido las sirenas que nos han cantado la ola para arrastrarnos a una perdición más o menos calculada. Pero agarrando el balón y exprimiéndolo para que sangre tinta, nos encontramos hoy que la sirena es una y tiene pelo canoso, rostro encabritado, pecho plano y un carné de entrenador expedido en Escocia pero con destino a Lusitania.

Es por tanto tentador arrojarse por el suave acantilado que supone esbozar la semblanza perfecta del hombre duro, malhumorado, con barba de 3 días y que sin cola de pez y con un timbre de voz ronco que en las ruedas de prensa se convierte en recital de un portentoso tiple, nos enseña cualquier día de la semana que Stanislavski tuvo un gemelo maléfico del que le separaron al nacer. Un nido de gestos poderosos que conforman el papel perfecto, el de malo malísimo,  aquel cuyo corcel corre más que el del bueno.

El magnetismo natural de Mourinho nace de su innata capacidad y perfecta sincronización para trazar el teatro de operaciones en el conflicto que le toque sin escatimar en detalles como puede ser la última piedra de la trinchera. Su fuerte código del honor propio quizá responde al lema de la patria escota que vio cómo se convertía en entrenador profesional: “Nemo me impune lacessit”, o lo que viene a ser lo mismo, “nadie me ofende impunemente”.

Fue el de Setúbal ese joven espigado que se escondía, con libreta y lápiz en los incisivos, entre los banquillos para conocer la cara fea pero eficaz del rival. Con ello nos enseñó mucho antes que Canal Plus que las verdades del tapete verde radican en saber leer los labios de los protagonistas cuando el balón está lo más lejos posible.

Tirando de filmoteca, siempre tan paridora de bien traídas metáforas, nos encontramos a un entre compungido y avinagrado Marlon Brando aullando un ininteligible y sobrecogedor denuesto cuando un tranvía pasa por encima de su cotidiano paseo al comienzo de Último tango en París. Acto seguido, entra en un vacío y destartalado piso en venta, y allí, en ese frío lugar, esqueleto de tiempos mejores, toma posesión con maneras poco elegantes de una curva y casi helénica Maria Schneider, la cual se deja intervenir como una Caja de Ahorros. Esta moza moderna de hoy y ayer, más sensual que guapa, portadora de cuantiosos laureles, pero que en la senectud de su propia juventud descubre que ya se ha desbocado tanto que sólo puede enmendarse con una última gran epopeya:  tirarse a los brazos de un maduro interesante con tez iracunda, el sendero a la penúltima apoteosis, la Décima, en concreto.

Pongamos que ese rugido bajo el tranvía, llamado deseo, no es de Brando, sino de su émulo luso berreando un sonoro “¡por qué!” cuando los vagones enfilan irremisiblemente la última parada, Canaletas. Ante tal insoportable hecho, nuestro protagonista se echa las manos a su prodigiosa testuz y mordiéndose el labio piensa cómo esquivar a su natural enemigo, que no es la barretina, sino el tiempo, ese viejo zorro que se va para no volver.

Con un miedo digno de Hobbes a que el convoy se le vuelva a escapar, el ditirámbico ídolo se dispone una vez más a mantener la motivación de la siempre voluble y grácil Schneider con la amenaza de volver a comprar mantequilla, al menos hasta que en la casa blanca descubran que la margarina también unta y sale más barata. Se escucha melodía de tango en el Bernabéu, ¿el último?

5/10/2012

Anuncios

8 thoughts on “Último tango en Chamartín

  1. Pingback: Latino » Blog Archive » Dios es redondo

  2. Pingback: Dios es redondo « Falso 9

  3. Pingback: El petroimperio galo del PSG « Falso 9

  4. Pingback: Pronóstico: el Málaga ganará al Madrid 2-1 « Falso 9

  5. Pingback: Quid prodest? « Falso 9

  6. Pingback: La importancia de mirarse en el espejo « Falso 9

  7. Incluyo a continuación el artículo que publica el diario El Mundo sobre el entrenador madridista. No sé si se escucha el tango argentino o una tragedia griega. “José Mourinho, ha afirmado que su vida profesional ha tenido un efecto devastador en su vida personal, tanto que el técnico portugués asegura que odia su “vida social”. “Odio mi vida social. Odio no ser un padre normal que va a ver un partido de fútbol de su hijo y estar allí con los otros veinte padres viendo el partido como ellos. Estoy en el partido de fútbol de los niños y porque tengo que estar ahí. Y la gente tiene que venir para las fotos, los autógrafos, la gente tiene que venir a insultarme, la gente tiene que insultar a mi hijo de 12 años”, reconoció Mourinho en declaraciones a la CNN”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s